La nueva arquitectura europea no es vieja, pero sí madura. Lejos de momificar las formas del pasado, las recupera. Y las actualiza. Así, respeta los volúmenes, repara los materiales y pone al día la tradición para convertirla en más sostenible, accesible y social. Esto es: más útil, menos irresponsable y más lógica. Los cinco finalistas al Premio de Arquitectura Contemporánea de la Unión Europea Mies van der Rohe, que se han dado a conocer este jueves, así lo ilustran: la mejor arquitectura debe ser una respuesta social, un lugar de encuentro, aprendizaje y vida de los ciudadanos. El 16 de abril se anunciará cuál de estos proyectos se considera la mejor arquitectura europea de los últimos dos años.
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