La exposición individual de Miguel Tío figuraba en la agenda del otoño pasado, pero estimaron más conveniente que fuera la primera exposición del año en la Galería Nacional de Bellas Artes. Ocupando el Salón de la Rotonda, adecuado formal y espacialmente para el despliegue de pinturas, variadas tanto en fechas como en dimensiones pero coherentes por su factura y el espíritu que las motiva.
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