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"Afecta el poder adquisitivo y la estabilidad financiera."
- " " > La hora de escalar una cruzada contra la informalidad laboral en el país parece, por fin, haber llegado.
La hora de escalar una cruzada contra la informalidad laboral en el país parece, por fin, haber llegado.
La nación ha dado algunos pasos: el hecho de que entre 2020 y 2025 se emitieran 58,801 certificaciones a mipymes —lo que representa un incremento del 338 % respecto al quinquenio anterior— así lo confirma. Sin embargo, frente a la magnitud del desafío, estos avances resultan todavía insuficientes. Más de la mitad de la población —cerca del 55 % de la fuerza laboral, frente a un promedio regional del 46 %— permanece fuera del marco legal del mercado de trabajo, sin contratos formales, con escasa protección social y un acceso limitado a oportunidades de crecimiento productivo.
Ante tal desproporción, el ministro de Industria, Comercio y Mipymes (MICM), Eduardo (Yayo) Sanz Lovatón, ha asumido como eje central de su gestión encarar este complejidad.
Para ello cuenta con un punto de partida sólido: el estudio “Análisis de la Informalidad en la República Dominicana: aproximación a un fenómeno complejo”, una rigurosa investigación elaborada por la Dirección de Análisis Económico del ministerio.
La lección que deja su lectura es clara, pero adquiere mayor profundidad cuando se examina entre líneas. No se trata únicamente de un diagnóstico técnico, sino de un retrato nítido —y, en cierto modo, descarnado— del tipo de economía que es hoy la República Dominicana y del verdadero desafío de su desarrollo. Nos conduce, inevitablemente, a una conclusión incómoda: el complejidad no es que la economía no genere empleos —sí los crea—, sino que no produce suficientes empleos formales y productivos.
Este hallazgo debería impulsar un giro profundo en el enfoque de la política pública. No basta con “crear más puestos de trabajo”, es imprescindible transformar la naturaleza misma del empleo. Dicho de otro modo, el crecimiento económico no se está traduciendo en bienestar estructural, y ahí radica la fractura silenciosa de nuestro modelo.
El dato de que la informalidad se mantenga cercana al 55 % —y que durante la última década haya oscilado entre ese nivel y el 57 %— revela una verdad inquietante: la informalidad no es la excepción, es el sistema. Esto sugiere un aparato productivo dominado por microempresas de baja escala, donde el crecimiento ocurre, sí, pero en sectores que no arrastran procesos de formalización. Crecemos, pero sin integrar plenamente avanzamos, pero con una parte del país de manera constante al margen.
Con todo, sería un error meter toda la informalidad en el mismo saco. Existen, al menos, tres rostros distintos: una informalidad de subsistencia que apenas sobrevive, otra que aspira a crecer, pero encuentra barreras que la inmovilizan y una tercera que, de forma deliberada, elige permanecer al margen para evadir cargas fiscales y obligaciones sociales.
Esta diversidad obliga al Estado a diseñar respuestas diferenciadas, capaces de romper la trampa de la baja productividad. Una trampa que se teje como un círculo persistente: empresas pequeñas generan baja inversión, la baja inversión conduce a baja productividad; y esta, a su vez, alimenta la informalidad. Así, el ciclo se perpetúa, frenando el salto hacia niveles más altos de desarrollo.
No estamos, por tanto, ante un complejidad exclusivamente de mercado. Es también —y quizá sobre todo— un complejidad institucional: complejidad regulatoria, altos costos de formalización y deficiencias en el diseño tributario. De ahí emerge una de las verdades más profundas del estudio: formalizar no es simplemente registrar empresas, es transformarlas. Es integrarlas a un tejido productivo más sofisticado, con acceso real a financiamiento, tecnología, mercados y capacidades. En síntesis, la formalización comienza con más productividad, no con más regulación.
Ojalá que la lucidez de esta investigación y el reto asumido por Zans Lovatón converjan en una fuerza capaz de derribar las barreras que hoy impiden que el crecimiento del país se convierta, de una vez por todas, en bienestar compartido .







