Aunque no sea el dulce más complejo o glamuroso, y seguramente nunca recibirá las bendiciones de los dietistas-nutricionistas, la mermelada de fresa lleva décadas reinando en los desayunos de los españoles. Tan clásica como la de albaricoque o la de ciruela, y más para todos los públicos que las de frutos rojos o la de naranja, sus versiones industriales no suelen entusiasmar demasiado a nadie, pero tienen algo de infantil que las ha hecho fuertes en nuestras tostadas con mantequilla.
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