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- Mario Jos é Redondo Llenas , autor principal del asesinato del adolescente José Rafael Llenas Aybar , saldrá en libertad el 5 de mayo, tras cumplir la condena de 30 años de cárcel por el crimen ocurrido en mayo de 1996.
Llenas Aybar tenía 12 años de edad al momento de ser asesinado el 4 de mayo de 1996, en un caso que conmocionó profundamente y dejó marcada a la sociedad dominicana por la brutalidad del hecho.
Mario José Redondo Llenas y Juan Manuel Moliné Rodríguez, fueron sentenciados tras ser hallados culpables de asociación de malhechores para cometer el asesinato y secuestro en perjuicio de la víctima y de porte de arma.
En la historia judicial del país, este caso destaca porque tanto Redondo Llenas como su cómplice, Juan Manuel Moliné Rodríguez, cumplieron íntegramente sus condenas. Moliné Rodríguez salió en libertad el 5 de mayo de 2016, tras cumplir 20 años de cárcel.
Redondo Llenas es quizá uno de los pocos en cumplir 30 años.
La orden de libertad de Redondo Llenas deberá ser emitida por el juez de la Ejecución de la Pena de San Cristóbal y ejecutada en el Centro de Corrección y Rehabilitación Najayo-Hombres.
Para la fecha de su salida, Redondo Llenas tendrá 49 años de edad, ya que al momento de cometer el crimen contaba con 19 años.
El caso no sólo impactó al país, sino que también dividió a una familia, ya que el condenado era primo de la víctima, lo que provocó una ruptura entre los padres del menor y los familiares del agresor.
El 26 de septiembre de 2006, la Cámara Penal de la Suprema Corte de Justicia dejó como definitiva la condena de 30 años contra Mario José Redondo Llenas y de 20 años contra Juan Manuel Moliné Rodríguez. Asimismo, se ordenó el pago de una indemnización de RD$5 millones a cada uno de los padres del menor.
Detalles del crimen
El 3 de mayo de 1996, José Rafael Llenas Aybar salió junto a su primo Mario José Redondo Llenas hacia una plaza comercial. Al no regresar esa noche, fue reportado como desaparecido. Desde ese momento se desarrolló un operativo de búsqueda al que se integró el propio asesino, Redondo Llenas.
Al día siguiente, 4 de mayo, el cuerpo sin vida de José Rafael Llenas Aybar fue encontrado en el arroyo Lebrón, en el kilómetro 24 de la autopista Duarte.
El cadáver presentaba 34 puñaladas en la espalda, estaba atado y envuelto en cinta adhesiva. El hallazgo fue realizado por una pareja de campesinos en el sector El Cenit, en Pedro Brand, Santo Domingo Oeste, quienes encontraron el cuerpo parcialmente flotando en el agua. Durante la investigación, las autoridades encontraron un papel en las manos del menor con un número telefónico, lo que permitió identificar a los responsables del crimen.
Dicho número pertenecía a Kimberly Caldas, novia de Moliné Rodríguez. Posteriormente, Mario José Redondo Llenas y Juan Manuel Moliné Rodríguez fueron arrestados y confesaron el crimen, siendo sometidos a la justicia.
Según lo relatado del Ministerio Público de entonces, Redondo Llenas fue quien propinó las 34 cuchilladas, mientras que Moliné Rodríguez lo sujetaba.
Antes de esto, la víctima había sido torturada, permaneciendo varias horas amarrada de pies y manos dentro del baúl de un vehículo.
Durante la investigación fueron mencionados como involucrados Luis Ángel Palma de la Calzada y Martín Ángel Palma Meccia, familiares de la entonces embajadora de Argentina, por lo que lograron eludir el proceso judicial amparados en la inmunidad diplomática.
Salida Moliné en 2016
El 5 de mayo de 2016, Moliné Rodríguez salió en libertad tras cumplir su condena de 20 años de prisión, a la que había sido condenado por su condición de cómplice. En ese momento tenía 38 años de edad.
Moliné Rodríguez y su familia han mantenido un perfil bajo.
Datos
— Circunstancia
Mario José Redondo Llenas y Juan Manuel Moliné Rodríguez junto a los prófugos pretendían secuestrar al menor José Rafael Llenas Aybar para cobrar rescate, pero terminaron asesinándolo.
Un crimen que laceró a toda la población
Conclusión. El caso de Llenas Aybar dejó una huella profunda en la sociedad dominicana, no sólo por la gravedad del crimen, sino por el perfil de sus responsables. Se trataba de dos jóvenes de clase media cuya conducta evidenció una frialdad y crueldad inusual.
Durante el proceso judicial la actitud mostrada por los implicados fue percibida como distante y carente de remordimiento, lo que acentuó el impacto emocional del caso en la opinión pública.
El hecho de que el crimen no respondiera a patrones tradicionales de marginalidad o delincuencia organizada, sino que surgiera desde un entorno aparentemente convencional, intensificó la sensación de vulnerabilidad colectiva. La defensa en el juicio buscaba impedir la pena máxima, pero no lo logró.
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