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"Influye en la gobernabilidad y el marco regulatorio."
- El paso de las guerras se amontona en las calles de Nabatiya, la principal ciudad chií del sur de Líbano.
El 90% de la población de esta localidad huyó en los primeros días de marzo, cuando Hizbulah entró en la guerra en apoyo a Irán e Israel ordenó la evacuación de toda la población del sur de Líbano. Sin embargo, no todos deciden o pueden marcharse. “Hay múltiples ancianos, incluso familias, que se niegan a dejar sus hogares para malvivir en una tienda de campaña en Beirut”, aseguraba Zutur, uno de los paramédicos del equipo de Defensa Civil, con base en el hospital gubernamental Nabih Berri de Nabatiya, tres días antes de la tregua.
Una decena de sanitarios apuraba cajetillas de tabaco y café en el parking del centro médico, con una panorámica perfecta del centro de la ciudad para detectar a primera vista los bombardeos. “Nosotros también nos hemos convertido en blanco para los drones del enemigo”, añade Zutur.
Testimonio de los rescatistas libaneses
“Nosotros también nos hemos convertido en blanco para los drones del enemigo”
En la tertulia de rescatistas participaba Fadel Sarhan, quien accedió a ser retratado por La Vanguardia. Ni los reporteros ni él mismo sabían en ese momento que sería su última fotografía con vida. Menos de 24 horas después de la entrevista, Fadel, de 43 años, fue asesinado en el cuádruple ataque contra la ambulancia en la que viajaba junto a sus compañeros.
La mañana del 16 de abril, los equipos de emergencia recibieron el aviso de un bombardeo en la localidad de Mayfadun, a escasos kilómetros de Nabatiya. El primer grupo en llegar fue el de la Asociación de Salud Islámica (IHA), el cuerpo de sanitarios vinculado al Partido de Dios y uno de los más golpeados durante esta guerra. Otro vehículo de Defensa Civil —en el que se encontraba Fadel— llegó justo después del segundo impacto de dron, al que siguieron otros dos.
El vídeo del momento muestra cómo la ambulancia es alcanzada directamente cada pocos minutos, a pesar de que todos los sanitarios iban claramente señalizados. En total, cuatro rescatistas murieron y seis resultaron heridos, en el primer cuádruple bombardeo israelí documentado en Líbano. Según el derecho internacional, todos los sanitarios están protegidos y son considerados no combatientes, independientemente de su afiliación política.
Jodor, jefe del equipo de emergencia civil de Nabatiya, describe así los protocolos y los riesgos sobre el terreno: “Si el ataque está cerca, a cinco o siete minutos, esperamos ese tiempo antes de enviar una ambulancia”. Una vez en el lugar, explica, “si hay una persona herida o muerta, la sacan; si hay múltiples, llaman a otra ambulancia. Así funciona el refuerzo”. “Tenemos más de 25 mártires entre nuestros efectivos”.
Grupo de paramédicos en el hospital de NabatiyaAbdu Ghafour / La Vanguardia
A pesar de ello, el portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) en lengua árabe, Avichay Adraee, aseguró en sus redes sociales que la milicia chií hace “uso militar extensivo de ambulancias” como parte de sus actividades. Asimismo, afirmó que las instalaciones y vehículos médicos son objetivo militar si están vinculados a Hizbulah. Tel Aviv ha reiterado el mismo argumento en Gaza, donde dos años de ofensiva han devastado el sistema sanitario de la Franja.
Israel ha matado hasta en el contexto actual a 91 trabajadores sanitarios y ha herido a otros 214 en Líbano desde el inicio de la guerra entre Israel y Hizbulah el 2 de marzo. “Esta guerra ha sido horrible y más dura que las anteriores”, explicó a este diario el director general del hospital de Nabatiya, Hasan Wazni. Desde el inicio de la contienda, más de 600 heridos han sido atendidos, estabilizados y trasladados a Beirut desde ese centro médico.
Tan solo 18 de los 150 trabajadores del hospital han permanecido en la zona de alto riesgo: ellos y sus familias —entre ellos una decena de niños— duermen en las instalaciones, hasta en el contexto actual consideradas seguras. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha registrado 133 ataques contra instalaciones sanitarias en Líbano. Según sus datos, al menos 15 hospitales y siete centros de atención primaria han resultado dañados, mientras que cinco hospitales y 56 centros de atención primaria han cerrado.
Tras el anuncio de la precaria tregua, miles de los más de 1,2 millones de desplazados han regresado al mar de ruinas que solían ser sus hogares. Sin embargo, los combates continúan en el sur, donde Israel ha calcado el modelo de la “línea amarilla” de Gaza en los puntos hasta los que han llegado sus tropas. Hizbulah, por su parte, ha retomado el lanzamiento de misiles contra el norte de Israel, mientras acusa a Israel de haber violado más de 220 veces el cese de las hostilidades.
Tanto el Partido de Dios como el Gobierno libanés —que se dirige a Washington para negociar con Israel una extensión del alto el fuego— han repetido a la población que es demasiado pronto para volver al sur: la calma de Nabatiya podría romperse en cualquier momento.
Espera en el hospital hasta el próximo bombardeoAbdu Ghafour / La Vanguardia
Pero ningún bombardeo disuadirá al más joven de los voluntarios de Defensa Civil, Ali, que a sus 24 años ha sobrevivido a tres ataques, el último de ellos en el que murió su compañero Fadel. Su padre también fue asesinado unos días antes en otro bombardeo. “Ya sé lo que nos puede pasar, pero tengo fe en lo que hacemos. Los que se han quedado, aunque sean pocos, nos necesitan”, dice, a la espera del próximo impacto, que podría llegar en cualquier momento si la diplomacia colapsa una vez más.
Colaboradora de La Vanguardia en Oriente Medio. Anteriormente, pasó por la delegación de El Cairo de la Agencia EFE y el Parlamento Europeo






