A finales de la pasada década, China dio un giro agresivo a su política exterior. Una nueva cohorte de jóvenes diplomáticos, identificados con la figura del soldado de élite chino protagonista de la película de acción Wolf warrior (guerrero lobo), empezó a desplegar un notable activismo en las redes sociales con duros ataques contra los críticos con Pekín. El efecto no sería el buscado porque, hará un par de años, China guardó el ardor guerrero de sus lobos en un cajón y recuperó un discurso más moderado y diplomático. Curiosamente, Donald Trump parece haberse inspirado ahora en la experiencia china y ha lanzado a los embajadores de Estados Unidos a atacar, sin ninguna retención, a los gobiernos europeos que se muestran refractarios a sus políticas. Los nuevos lobos no vienen ya del Lejano Oriente, sino del Nuevo Mundo.

