Cuando nacieron los Feroz, aportaron categorías tan originales como la de mejor cartel o mejor tráiler, tantas veces superiores a las propias películas, y con el tiempo añadieron premios a las series, aunque con un olvido: el mejor guion. Nadie se plantea si las películas de cine se escriben solas —aunque después de ver esta semana la última entrega de Parque Jurásico yo diría que algunas sí—, pero los guiones de las series suelen pasar desapercibidos. También los directores, que todavía carecen de categoría propia. Hay otro olvido igual de imperdonable que en la última entrega señalaron María Castro y Marta Costa, actrices de La Promesa: el que sufren las series diarias como las que ellas protagonizan. Productos que, además de dar de comer a tantos profesionales, hacen industria. Lo mismo acogen a actores veteranos que vivían en el semiolvido que forjan estrellas. Con tantos hijos que tuvieron Marcelino y Manolita, Amar es para siempre hizo más cantera que la Masía.
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