Todo parece indicar que el sentimiento no era mutuo cuando Laporta mandó colgar aquella lona en el corazón de la Castellana con el lema, ya icónico, de “Ganas de volver a veros”. El golpe de efecto se hizo notar en el ánimo del socio culé, un tanto abatido por el desmoronamiento del proyecto propio y el dominio reinstaurado del máximo rival: con muy poco dinero y bastante dosis de jeta, el favorito en todas las encuestas asestaba un directo casi definitivo a sus principales competidores y removía el avispero del día a día en la capital. “Al menos lo ha escrito en castellano”, declaraba una señora con pinta de venir de la compra a unos reporteros de televisión.
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