La televisión ha demostrado ser el terreno ideal para adaptar novelas complejas, especialmente aquellas que exigen tiempo, matices y respeto por el material original. Frente a las limitaciones del cine, las series han sabido acoger relatos introspectivos y densos. Hace unos años, una miniserie breve pero demoledora lo dejó claro.
Una adaptación tan ambiciosa como incómoda
Patrick Melrose es la adaptación de las novelas semiautobiográficas de Edward St. Aubyn, escritas como una forma de exorcizar traumas personales ligados al abuso infantil y la adicción. Trasladar ese material a la pantalla no era sencillo: se trata de una obra profundamente introspectiva, fragmentada y marcada por el dolor.
La serie, dirigida por Edward Berger —posteriormente ganador del Óscar por Sin novedad en el frente—, opta por no suavizar el material. El resultado es un retrato crudo y, a ratos, devastador, pero también atravesado por un humor negro afilado que evita el dramatismo fácil.
Un personaje marcado por el trauma
Patrick Melrose es un aristócrata británico con una infancia aparentemente privilegiada en los años ochenta, pero profundamente traumática. Su padre fue un hombre abusivo y su madre, incapaz de protegerlo, terminó siendo cómplice silenciosa de ese entorno tóxico. Ya adulto, Patrick intenta huir de ese pasado refugiándose en el consumo extremo de drogas y alcohol, especialmente durante su etapa en Nueva York.
La miniserie sigue su vida a lo largo de varias décadas y escenarios, mostrando cómo la adicción funciona tanto como anestesia emocional como motor de autodestrucción. El objetivo de Patrick no es vivir mejor, sino olvidar.
En la mente de la adicción
Uno de los grandes aciertos de Patrick Melrose es su puesta en escena. Lejos de un realismo plano, la serie introduce recursos visuales y narrativos que representan los estados mentales alterados del protagonista. Estas decisiones estilísticas permiten al espectador entrar en una mente fragmentada, caótica y profundamente herida.
El tono oscila con precisión entre la comedia negra y el drama más descarnado, una combinación difícil que la serie maneja con sorprendente naturalidad.
La interpretación que lo sostiene todo
Nada de esto funcionaría sin Benedict Cumberbatch. El actor británico ofrece aquí una de las interpretaciones más complejas y arriesgadas de su carrera. Aunque es conocido por encarnar personajes brillantes y difíciles, en Patrick Melrose consigue algo distinto: un retrato humano, incómodo y dolorosamente honesto.
A su alrededor, el reparto refuerza la calidad del conjunto, con nombres como Jennifer Jason Leigh y Hugo Weaving, que aportan peso y matices a un universo emocionalmente devastado.
Una joya breve para devorar
Con solo cinco episodios, Patrick Melrose se ve casi de una sentada, pero deja una huella profunda. No es una serie cómoda ni complaciente, pero sí una de las experiencias televisivas más intensas y memorables de los últimos años.
Actualmente puede verse en Movistar+ y SkyShowtime. Una miniserie imprescindible para quienes buscan algo más que entretenimiento fácil.
Fuente: SensaCine.
