
Tuvieron el programa perfecto y lo dejaron escapar. Los apestados de Mediaset (antaño su buque insignia) salieron del Telecittà de Paolo Vasile con una maleta llena de sueños. Allí dentro quedó Jorge Javier igual que en la caja de Pandora quedó la esperanza. Ellos, los compañeros, a la rue. Se instalaron en Canal Ten donde, supongo, les prometieron ganar más dinero con el paso del tiempo, pero el dinero no llegó, o al menos no en las cantidades esperadas. El ritmo de vida de la familia Sálvame era, suponemos, elevado. Las promesas de “volver a la tele” se materializaron en forma de un programa que nunca debió ser: La familia de la tele. Menudo esperpento fue aquello, y qué poco duró. Se despidieron con una puesta en escena que remitía al Libro de los Muertos, pero la realidad es que estaba más cerca de La corte de Faraón. Se fueron de TVE con bajísimas audiencias, pésimas críticas, y menos colaboradores.
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