
La desaparición en Francia de Narumi Kurosaki, una estudiante japonesa de 21 años, sigue sin resolverse casi una década después. Su exnovio, el chileno Nicolás Zepeda, ha sido condenado dos veces por su asesinato, pero el caso continúa abierto tras la anulación de la sentencia en febrero de 2025. Tras este decisión, el Tribunal ordenó un tercer juicio, que ha comenzado este lunes en la ciudad francesa de Lyon.
La familia de Narumi Kurosaki ha expresado este viernes su dolor, indignación y desesperación ante el Tribunal de lo Criminal del Ródano, en una sesión marcada por testimonios muy emotivos durante el juicio contra Zepeda, a quien consideran el "asesino" de la japonesa.
La familia de la joven ha mandado un mensaje directo al acusado, quieren saber dónde está el cuerpo. "Antes del final, deseamos con todo nuestro corazón que este asesino nos diga dónde dejó el cuerpo de Narumi. Si tiene la más mínima conciencia, que nos diga dónde está", le espetó entre lágrimas su hermana menor, Kurumi, durante la sesión. La escena se repitió minutos después. Mirándole fijamente, Kurumi volvió a gritar: "¡Dinos dónde está!". Para la familia, recuperar el cuerpo es el único objetivo pendiente tras años de proceso judicial.
Narumi desapareció en diciembre de 2016 en una residencia de estudiantes de Besançon, donde estaba de intercambio. Aquella noche, Zepeda había cenado con ella y subido a su habitación. Varios estudiantes escucharon gritos y ruidos de pelea peor nadie avisó a la Policía. Desde entonces, no se ha vuelto a saber nada de la joven.
Las investigaciones apuntan a que el acusado había preparado el encuentro, Zepeda había comprado combustible, cerillas y lejía. Además, los registros de su teléfono y del coche que alquiló días antes de reunirse con la víctima lo sitúan en una zona boscosa de la región de Jura, donde los investigadores creen que pudo deshacerse del cuerpo. Pese a ello, nunca ha aparecido el cadáver.
Durante el juicio, Zepeda ha reconocido haber mentido en fases anteriores del proceso, pero sigue defendiendo su inocencia. Para la familia, esa actitud agrava el dolor. "Llevaremos esta angustia toda la vida", declaró Kurumi. Su hermana mayor, Honami, fue aún más contundente: "Mi vida se detuvo en 2016. Narumi está muerta, pero este hombre sigue vivo. Jamás debe salir de prisión".
El impacto de la desaparición ha sido devastador. La madre de la joven llegó a intentar suicidarse en varias ocasiones, según relató la familia, que vive desde entonces en una angustia permanente. La abogada de los Kurosaki habló de un "doble sufrimiento" para los allegados de la víctima motivado por la pérdida y la imposibilidad de cerrar el duelo sin un cuerpo.
Por su parte, la defensa de Zepeda volvió a pedir este viernes al tribunal que ordene reabrir la investigación para hacer pruebas de ADN de todos los estudiantes hombres que estaban en la residencia en diciembre de 2016, algo que el presidente de la corte rechazó.



