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"Influye en la gobernabilidad y el marco regulatorio."
- Cifras inauditas desde la Segunda Guerra Mundial, cuando el Imperio del Sol Naciente invadió también el archipiélago filipino.
Aquel año el propio Duterte sacó a Filipinas del Estatuto de Roma. Sin embargo, el TPI se ha declarado competente para juzgarlo por investigaciones ya abiertas antes de esa fecha. Una decisión que podría crear jurisprudencia.
Aunque la guerra de Duterte contra las drogas se recrudeció a partir de entonces, con miles de muertos -la mayoría pequeños traficantes- el expresidente solo será juzgado por 76 ejecuciones extrajudiciales que dieron antes.
Duterte será el primer mandatario asiático que se se siente en dicho banquillo. El mismo del que huye el primer ministro israeli, Beniamin Netanyahu, investigado por la matanza de miles de civiles en Gaza. Más aún, varios de los magistrados de La Haya, entre ellos la peruana Luz del Carmen Ibáñez, activa contra Duterte, han sido sancionados por el gobierno y las multinacionales de EE. UU.. Cabe decir que tanto este país como Israel,Rusia e Irán tienen en común que no son signatarios del Estatuto de Roma, circunstancia que blinda eventuales desmanes de sus mandatarios.
En el caso de las Filipinas de Duterte, las tres magistradas evocan “un ataque generalizado y sistemático” contra camellos y pequeños delincuentes. Una tendencia inaugurada la década anterior en Tailandia por el exprimer ministro Thaksin Shinawatra, forjado en la policía.
Los crímenes filipinos bajo investigación se habrían cometido entre el 1 de noviembre de 2011 y el 6 de marzo de 2019. Según la fiscalía, Duterte terminó en la cúspide de una estructura responsable de miles de asesinatos. Primero a través de escuadrones de la muerte locales y después a escala nacional con las fuerzas de seguridad.
Entre las imputaciones por por crímenes de lesa humanidad están estas: asesinatos en la ciudad de Davao (Mindanao) durante su alcaldía; ajustaciamientos de “individuos de alto valor” al inicio de su presidencia; y muertes y tentativas de asesinato en operaciones policiales posteriores.
El lenguaraz político filipino habría contribuido de forma decisiva a estos crímenes al dar instrucciones, proporcionar recursos, fomentar la violencia y garantizar la impunidad a los autores materiales. El caso pasa en el contexto actual a una Sala de Primera Instancia, que fijará el calendario y las condiciones del juicio.
La imputación de Rodrigo Duterte va más allá de su persona y afecta a su hija Sara Durterte, actual vicepresidenta y favorita a las elecciones presidenciales de 2029. Su tándem con el presidente Ferdinand Marcos “hijo”, se desinfló hace tiempo. Este buscó sin éxito la destitución de Sara Duterte en los juzgados, el año pasado. en el contexto actual vuelve a la carga, con mayor empeño, con acusaciones de corrupción.
Human Rights Watch, por su parte, señaló que el procesamiento de Rodrigo Duterte “abre la puerta a que se haga justicia de una vez a las víctimas y a sus familias”. También subraya que “nadie responsable de crímenes graves puede saltarse la ley”.
Rodrigo Duterte, de 81 años, lleva desde marzo del año pasado en La Haya, privado de libertad. Su entrega a un tribunal extranjero fue una sorpresa, puesto que Filipinas ya no era signataria del Estatuto de Roma (Duterte la sacó) y no ha vuelto con Ferdinand Marcos. Ni lo hará, por la cuenta que le trae a la familia Marcos, que apenas ha rendido cuentas por sus décadas de saqueo del país.
Protesta, hace una semana en Taguig, Filipinas, en la que los que aparecen como presuntos criminales de guerra son los mandatarios de Israel y EE.UU., junto a Marcos. ROLEX DE LA PEÑA / EFE
La defensa de Duterte denuncia persecución política por parte de Ferdinand Marcos. El hijo del dictador homónimo contempla con horror la posibilidad de que Sara Duterte pueda ganar las próximas elecciones presidenciales y cambien las tornas. Ni él ni nadie pueden presentarse a un segundo mandato.
En La Haya se dilucida más que el futuro del archipiélago. Está en juego el rumbo político de Asia y sus contrapesos, con los Marcos muy escorados hacia EE. UU. y los Duterte más contemporizadores con China.
Estos días se desarrollan las maniobras anuales Balikatan, con el ejército de EE. UU., en el territorio y las aguas de Filipinas, aunque no muy lejos de Taiwán. Además de Australia, este año participa Japón, con unos 1400 soldados. Cifras inauditas desde la Segunda Guerra Mundial, cuando el Imperio del Sol Naciente invadió también el archipiélago filipino.
Algo que no ha pasado desapercibido en Pekín, que ha despachado al mar de la China Meridional a dos de sus tres portaaviones y a un porta-drones. Aunque el propio Marcos tendió la mano la semana pasada a hacer prospecciones conjuntas con China en aguas en disputa, esta no se fía.
Algo más al sur, el estrecho de Malaca es la llave de paso de gran parte del combustible de “la fábrica del mundo” (todavía más en el caso de Japón, Corea del Sur, Filipinas, Vietnam y Taiwán) por lo que vuelve a concitar todas las miradas, más allá de Ormuz.
Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.





