¿Por qué algunas personas viven mucho más que otras? Durante décadas, la respuesta ha apuntado sobre todo al entorno: el estilo de vida, las enfermedades, el nivel de riqueza, la suerte. Pero una nueva investigación publicada esta semana cuestiona esa visión, y le da a la genética que heredamos de nuestros padres un papel mucho más central de lo que se creía hasta ahora.
Seguir leyendo

