Los bebés criados con biberón son como bollos ultraprocesados. Los hospitales son lugares hostiles para parir. La madre que decide no dar de mamar a su hijo comete un supremo acto de egoísmo. El parto debiera ser un acto placentero, lo más parecido a mantener relaciones sexuales. Tranquilos, no se han equivocado de columna ni de pluma. Ni me ha poseído una integrista de la lactancia y del parto en casa, ni me ha dado un soponcio, ni me estoy inventando nada. Todas estas frases y otras igualmente estupefacientes se han pronunciado desde el estrado de profesores en un máster sanitario impartido por una universidad pública en España, Unión Europea, 2025, ante la callada incredulidad del auditorio. Eso, además del intolerable hecho en sí mismo, es lo insólito. Que señoras y señores graduados no se levantaran a rebatir o protestar porque alguien les endosara sus creencias y opiniones personales en un entorno académico como si fueran evidencias científicas.
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