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"Análisis de relevancia para la actualidad."
- Su madre y su hijo se convirtieron en apoyo clave en la preparación y venta de las tortas, que aún hoy ofrece al público.
- Una segunda oportunidad con una montaña de retos
- Reinventarse cuantas veces sea necesario
- La lucha por la justicia
- Un año después
El techo del emblemático centro nocturno se desplomó la madrugada del 8 de abril de 2025, mientras cientos de personas asistían a una presentación del merenguero dominicano Rubby Pérez, quien también falleció. El siniestro dejó 236 muertos (entre ellos 18 venezolanos) y más de 180 heridos. Jeniré fue una de las sobrevivientes.
“Me atemoriza dormir. Me da miedo dormir y cerrar los ojos. Le tengo terror a los sonidos fuertes, cualquier sonido fuerte hace que yo me tire al suelo”, dice Martínez sobre uno de los rastros que dejó en ella el desplome del Jet Set.
Desde República Dominicana, donde está radicada desde hace nueve años, la venezolana conversó con El Diario en los días previos al primer aniversario del colapso del Jet Set. En medio de una rutina aún marcada por consultas médicas, terapias y compromisos cotidianos, Jeniré hizo una pausa para hablar de las secuelas que le dejó la tragedia y de cómo la reinvención le ha permitido seguir adelante durante este último año.
Valla de discoteca Jet Set | Foto: EFE
Una segunda oportunidad con una montaña de retos
Aunque tiene años viviendo en República Dominicana, Jeniré Mena Martínez decidió visitar el Jet Set por primera vez en abril de 2025. La razón era celebrar su cumpleaños número 40 junto a dos amigas: Ana María Ramírez y Pierina Noguera, esta última víctima fatal del derrumbe.
Las tres amigas llegaron a la discoteca. La noche de fiesta transcurría con normalidad hasta que comenzaron a notar la caída de fragmentos de concreto del techo del local. Alarmadas, decidieron que lo mejor era retirarse, pero en ese instante ocurrió la tragedia. Todo fue oscuridad.
Entre gritos, llantos y confusión, Jeniré quedó atrapada durante cinco horas y media bajo los escombros del Jet Set, rodeada de personas que sin saberlo, ya habían fallecido producto del fuerte impacto. Asegura que, pese a la desesperación, se aferró a la oración y a la convicción de que sería rescatada con vida. Así ocurrió.
Jet Set | Foto: EFE
La venezolana fue trasladada al Hospital Docente Doctor Ney Arias Lora, en Santo Domingo. De aquel momento recuerda todo con detalles, entre ellos que había múltiples heridos y un constante movimiento de personal. No obstante, aclara, el trato que recibió de manera constante fue bueno y cordial.
“Para sacarme hubo que remover múltiples cadáveres y yo estaba completamente llena de sangre. Las enfermeras comenzaron a quitarme la sangre de la cara, pero ya estaba coagulada. Tardaron un par de días quitándome todo de la cara y de las manos”, dice.
Producto del desplome del Jet Set, la venezolana presentó inflamación en la médula espinal, lo que le impedía tener modalidad en gran parte del cuerpo. Además, tenía una fractura en el omóplato, múltiples traumatismos, moretones e incluso ampollas.
Jeniré durante su hospitalización. Foto: Diario Libre
“No tenía movilidad en gran parte del cuerpo, incluso los órganos, así que no podía orinar. Me pusieron una sonda. Pasé así varios días, sin poder mover las piernas. Los brazos tampoco podía moverlos hasta dos días después (…) Las cortadas de los brazos también fueron muy dolorosas”, detalla sobre las múltiples heridas que le dejó el accidente.
Martínez estuvo hospitalizada durante dos semanas. Tras recibir el alta, inició un largo proceso de rehabilitación con el apoyo de un terapeuta venezolano que se ofreció a ayudarla de forma gratuita. Con esfuerzo progresivo, pasó de usar andadera a recuperar la movilidad. Hoy, incluso, ya usa tacones, aunque por periodos cortos.
“Gracias a él comencé a caminar poco a poco, con múltiples ejercicios dejé la andadera. Así fui dándole hasta que ya actualmente puedo usar tacones. No todo el día pero puedo usarlos porque bueno, uno es venezolana y va representado a su patria en tacones, me lo he tomado bien en serio”, dice entre risas, encontrando en ese gesto una pequeña victoria tras un año marcado por duras pruebas.
Reinventarse cuantas veces sea necesario
Durante su prolongado proceso de recuperación, aún atravesado por el impacto de la tragedia y las limitaciones físicas, Jeniré tuvo que enfrentar otra urgencia: la económica. Las cuentas seguían llegando. Como jefa de hogar y madre soltera, debía sostener los gastos de su familia, una responsabilidad que ya asumía antes del accidente, pero que en el contexto actual se volvía más compleja.
Con 27 años de experiencia como diseñadora de vestuario para cine y televisión, su oficio había sido de manera constante su principal fuente de ingresos. Sin embargo, su condición física le impedía retomar ese ritmo de trabajo. Permanecer de pie durante largas jornadas, una exigencia básica en los sets de filmación, no era una opción.
“Ya no podía ejercer porque sin caminar no puedo ir a un set de filmación y bueno, las afecciones que tenía eran tales que integrarse al mundo laboral no era algo real. A pesar de que mis compañeros de trabajo en cine se abocaron a ayudarme, tenía que pensar en un trabajo alternativo porque el dinero se empieza a acabar rápidamente. En especial cuando tienes tratamientos médicos, mercado, colegio, servicios, carro, todo”, comenta.
Fue entonces cuando surgió una alternativa inesperada. Por sugerencia de una amiga decidió grabar un video para redes sociales en el que compartía su situación tras el accidente y presentaba un pequeño emprendimiento dedicado a la venta de tortas llamado La Sal de tu Lechosa. Hasta entonces, la repostería era solo un hobby para ella, aunque se había formado en el área en Venezuela.
El video se volvió viral. En gran medida porque retrataba la realidad de múltiples de los sobrevivientes del Jet Set, quienes tuvieron que enfrentarse a muchas más batallas luego de ser rescatados de los escombros.
A partir de ese momento comenzaron a llegar los pedidos de tortas. Poco después, Martínez también fue contactada por el gobierno dominicano, que le otorgó durante seis meses el subsidio destinado a los sobrevivientes del desplome de la discoteca, beneficio que inicialmente le había sido negado por ser extranjera.
El negocio se transformó en un esfuerzo familiar. Su madre y su hijo se convirtieron en apoyo clave en la preparación y venta de las tortas, que aún hoy ofrece al público. A finales de 2025, y en la medida de sus posibilidades, Jeniré también logró regresar a los sets de filmación, combinando ambas actividades.
Pedido del emprendimiento de Jeniré. Foto: La Sal de tu Lechosa
Esa adaptación, explica, forma parte de un proceso de reinvención que no le resulta ajeno. Como migrante, ha tenido que empezar de nuevo en más de una ocasión. «Reinventarme sucedió sin planificar, de golpe pero ¿Sabes cuántas veces me ha tocado reinventarme como migrante? Todas las veces que sean necesarias(…) Yo no acepto el no, todo lo que lleve un no a mí me da alergia. Cuando estaba enterrada entre escombros, yo sabía que me iban a sacar, sabía que no me iba a morir, para mí no existía otra opción”, enfatiza.
Hoy, esa misma convicción guía su proceso: volver a empezar las veces que haga falta, incluso en medio de la incertidumbre, reitera, el no en ningún escenario ha estado en su vocabulario. “No existe la posibilidad de no poder. Se reinicia y se reinventa cuantas veces tengas que hacerlo. Puede ser con el sueño que tenías desde niña, puede ser con uno nuevo, pero de manera constante me reinvento con la certeza de que esto va a ser el recuerdo que le dejé a mi hijo”.
La lucha por la justicia
En el último año, Jeniré Mena Martínez ha concentrado gran parte de sus esfuerzos en reconstruir su vida tras el accidente. Sin embargo, no está dispuesta a dejar atrás la exigencia de justicia por el desplome del techo del Jet Set.
Por este caso, el Ministerio Público dominicano acusó a los hermanos Antonio y Maribel Espaillat, propietarios de la discoteca, por homicidio involuntario y negligencia. Aunque inicialmente fueron detenidos, posteriormente se les dictaron medidas de coerción. Desde entonces, el proceso judicial sigue abierto, con avances parciales y una investigación en curso, mientras persiste el reclamo de justicia de sobrevivientes y familiares de las víctimas.
A Los propietarios de la discoteca Jet Set, los hermanos Antonio Espaillat y Maribel Espaillat caminan a su llegada a una audiencia en el Palacio de Justicia en Santo Domingo (República Dominicana). Foto: EFE/ Orlando Barría
Jeniré es enfática en su búsqueda de justicia. Asegura que, como otros sobrevivientes, fue contactada por la defensa de los Espaillat para negociar una compensación económica. Sin embargo, rechazó la propuesta. Considera que los montos ofrecidos no guardan proporción con el daño causado. Para ella, la reparación pasa por otro camino.
“No se trata de perdonar. Yo solo los quiero ver pagar. A menudo me preguntan qué les diría, pues absolutamente nada. Yo los quiero ver tras las rejas (…) Si en Venezuela yo aprendí que lo que había era impunidad, yo no quiero creer que aquí también hay impunidad. Cuando yo hablo y doy entrevistas como en el contexto actual, siento que soy la voz de todos aquellos que no pueden hablar y no solo hablo de los muertos. Hay muchas madres muertas en vida sin sus hijos y eso es terrible”, asegura.
También cuestiona la actitud de los dueños del local tras la tragedia. Sostiene que en ningún escenario se presentaron para acompañar a las víctimas ni a sus familias luego del desplome. «Esto pasó en tu negocio por negligencia o la razón que suceda, tú tenías que haber llegado con tres camiones de comida y de agua, ponerte a levantar escombros y decir: ‘A mí también me duele y lo lamento’. Pero ese señor (Antonio) fue un caradura desde el primer momento”, sostiene.
A un año del colapso, insiste en que el caso no puede quedar en el olvido. Forma parte del Movimiento Justicia Jet Set, una iniciativa que agrupa a sobrevivientes y familiares para dar seguimiento al proceso judicial, organizar actividades, acompañar a las víctimas y promover que hechos como este no se repitan.
“Esto no es algo que ya pasó. Es algo que nos sigue pasando. No solo a mí o a los sobrevivientes, o a los familiares, sino a todo un país”, sentencia.
Víctimas del Jet Set. Foto: EFE
Un año después
Durante estos meses, el miedo a dormir no es la única secuela que arrastra Jeniré de la tragedia del Jet Set. Cuenta que cuando logra conciliar el sueño, las pesadillas son constantes. Así que no suele dormir más de cinco horas, hay noches en las que apenas duerme dos.
“Mis cuerpo está en estado de alerta, tengo urticaria crónica postraumática y para dormir lo que hago es que, como debo tomar antialérgicos, termino durmiéndome por eso. Por cuenta propia es raro que duerma”, explica.
A pesar de haber acudido a terapias psicológicas, los episodios persisten, pero Martínez decidió no quedarse detenida en ese punto. Ha encontrado en la oración y la gratitud por estar viva un aliado sustancial en su proceso de sanación. También en el apoyo de familia, amigos y dominicanos en general, de quienes solo ha recibido respaldo en el último año.
La venezolana ve a República Dominicana como un hogar, aunque admite que llegó al país solo impulsada por la necesidad de un trabajo y estabilidad, hoy lo siente cercano. “Me siento como en mi casa, no es mi casa, porque mi corazón sabe que no es mi casa, pero esta es cómo mi casa (…) Quiero mucho al país, de paso que las playas son una circunstancia espectacular y la felicidad… Yo siento que encuentro sonrisas en la mayoría de los lugares, me gusta vivir aquí”, dice.
A Jeniré el último año la transformó. No solo en lo físico o emocional, sino también en su manera de habitar la vida. en el contexto actual se reconoce más tranquila, algo impensable anteriormente, pues se describe como una persona con carácter fuerte y mucha adrenalina. en el contexto actual, disfruta más los espacios, el estar y por eso agradece cada vez que puede el poder respirar, pues afirma “agradecer te permite agradecer más”.
Foto: MAB Radio
“Estoy rezando y dando las gracias desde que despierto. Me encantaría decir que estoy sembrada en Venezuela, pero soy un árbol que sacaron de raíz de mi país y me sembraron acá. Estoy agradecida, porque la manera en la que estoy sembrada hace que mis raíces sean fuertes. El modo en que este país me ha abrazado luego de la tragedia ha sido maravilloso. No me imagino que eso sucediera, aparte de Venezuela, en otro país”, manifiesta.
Llena de esa gratitud y de su incansable poder de reinvención, Jeniré Mena Martínez hoy sigue adelante y se permite soñar con un futuro que la tragedia no logró arrebatarle. Próximamente tiene varios proyectos como diseñadora de vestuario y claro, sigue ofreciendo sus tortas que son un modo de sustento, pero también una actividad que disfruta.
“Yo de manera constante dije que quiero vivir cerca de la playa, con un pequeño cafecito, vendiendo mis dulces y con mi hijo trayendo a mis nietos, con mi perro y un jeep. Me falta un jeep y el negocio. Ya estoy cerca de la playa, eso es un inicio”, se ríe.
Un año después, sigue reconstruyéndose. Con secuelas, sí, pero también con una convicción firme: la tragedia marcó su vida, pero no definirá su futuro.









