
A primera vista, la escena no tiene nada de extraordinario. Una mesa baja, dos tazas transparentes y una jarra vacía. Frente a frente, Christopher Krupenye, profesor de la Universidad Johns Hopkins (Estados Unidos) y un bonobo de 43 años llamado Kanzi participan en lo que parece una fiesta de té de Alicia en el país de las maravillas, pero sin teteras ni galletas. El científico inclina la jarra sobre una taza y luego sobre la otra, como si sirviera un líquido invisible. Después, vacía una de ellas, agitando el recipiente para asegurarse de que no quede ni una gota imaginaria. Luego mira a Kanzi y le pregunta, “¿dónde está el zumo?”. El primate levanta el brazo y señala la taza correcta que ―según las reglas del juego― lo contiene, desafiando por completo una de las fronteras más arraigadas de la psicología comparada.
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