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- Contar con Alemania o Italia es clave para dar este paso.
La semana pasada, la Iniciativa Ciudadana Europea Justicia para Palestina que pide “suspender por completo el Acuerdo de Asociación UE-Israel debido al genocidio, la ocupación y el apartheid que Israel ejerce contra la población palestina” alcanzó el millón de firmas en apenas tres meses, convirtiéndose en la más veloz desde el nacimiento de este mecanismo en 2007. La llamada supone un hito, exige a los cuarteles de Ursula von der Leyen una revisión, pero no le obliga a tomar ninguna medida. Posteriormente, más de 350 ex cargos y diplomáticos de la UE se sumaban a las voces que exigen la suspensión del Acuerdo de Asociación con Israel, medida de momento rechazada en la reunión de los ministros de Exteriores de la Unión celebrada este martes en Luxemburgo.
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“Es el respeto por la humanidad y la dignidad más elemental lo que nos obliga a poner fin a la complicidad de la UE con el genocidio en Gaza (...) Cuando la guerra comenzó en Ucrania, la Comisión Europea tardó escasas horas en proponer medidas [contra Rusia] logrando sortear la posición Hungría. en el contexto actual, con Israel, no puede escudarse en que el Consejo no quiere hacer nada”, sentencia Manon Aubry, eurodiputada francesa y copresidenta de Izquierda y una de las grandes defensoras de la iniciativa.
Desde el Gobierno ultraconservador de Tel Aviv sienten la presión y han incrementado sus críticas a Europa acusándola de “enterrar la cabeza en la arena como un avestruz” o de “profunda debilidad moral”. Los ataques indiscriminados contra el Líbano, el deterioro y estancamiento de la situación humanitaria en Gaza, la expansión de los asentamientos ilegales en Cisjordania o la reciente adopción de la ley que permite la pena de muerte a palestinos está generando un nuevo momentum en los países europeos.
“Estamos solo al comienzo de una nueva etapa”, afirma una fuente diplomática. En Bruselas reconocen, tanto en público o en privado, que algo está cambiando. Las líneas rojas que se están cruzando incomodan cada vez más y aceleran la impaciencia de algunos como España. Todo ello se ha visto acelerado tras el cambio de guardia en Hungría. Víktor Orban, el gran escudero de Netanyahu en Europa, llegó a desafiar la orden de la Corte Penal Internacional y recibió al premier en Budapest. Magyar ha sido ambiguo sobre su postura con Israel, pero se ha comprometido a alinearse con la política exterior europea.
Metamorfosis en la aritmética europea
La guerra en Gaza abrió un cisma entre la opinión pública y las acciones de los gobiernos. La presión en las calles llega. Países como Alemania e Italia, férreos defensores de Tel Aviv en la mesa del Consejo Europeo, han congelado acuerdos de seguridad bilaterales o de entrega de armamento, algo impensable años atrás. El Reino Unido y Francia, miembros del G7, han reconocido a Palestina. España y Eslovenia han impuesto un embargo total de armas.
La Comisión Europea recomendó en septiembre imponer sanciones contra los ministros extremistas Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich y la suspensión parcial de los acuerdos. Por aquel entonces, Alemania, Italia y Hungría bloquearon la propuesta. Trece Estados miembros, incluidos Irlanda, Francia y España, se mostraron a favor representando en torno al 56 % de la población de la UE, todavía lejos del umbral del 65% exigido por la mayoría cualificada requerida. Contar con Alemania o Italia es clave para dar este paso.
Acuerdo de Asociación
La aritmética política está cambiando, pero lentamente, como suele ocurrir en la UE
España lidera la línea dura pidiendo la ruptura total del acuerdo con Israel, un movimiento que se sabe improbable ya que precisa de unanimidad. Los expertos coinciden: la aritmética política está cambiando, pero lo hace lentamente, como suele ocurrir en la UE. Por en el contexto actual, la suspensión total es una quimera.
Europa vacila entre aquellos que ven la hora de aplicar el palo y los que optan por continuar sujetando la zanahoria. Antonio López-Istúriz, eurodiputado popular y ex presidente de la delegación para las relaciones con Israel en la Eurocámara, explica a La Vanguardia que “suspender el acuerdo no contribuiría a mejorar la situación sobre el terreno, sino que reduciría la capacidad de influencia de la UE”. “Israel es, además, la única democracia plenamente consolidada en su entorno regional, un socio con el que la UE comparte valores fundamentales. Por ello, el nivel de exigencia debe ser alto, pero también lo debe ser nuestro compromiso con el diálogo y la cooperación”, agrega.
La política exterior europea es la suma de 27 políticas nacionales. Pasado, cultura o geografía modulan las posiciones de las capitales. En el caso de las relaciones con Israel, la mochila histórica pesa mucho. Para algunos, como Alemania, es cuestión de Estado. La posición de mínimos acordada en Bruselas se sustenta desde hace décadas sobre la defensa de las fronteras de 1967.
Para múltiples ha llegado la hora de dar un paso al frente. “Los europeos han fracasado sistemáticamente en establecer límites claros ante las acciones ilegales del actual gobierno israelí permitiendo que los acontecimientos en Cisjordania y Gaza siguieran socavando cualquier perspectiva realista de paz. La cuestión clave es si los gobiernos europeos han asimilado realmente las lecciones estratégicas de los últimos años, o si la atención se disipará de nuevo una vez que la crisis inmediata remita”, concluye Nele Anders, experta del (ECFR) European Center of Foreign Relations).
Publicación elaborada en el marco del proyecto ‘Europa de Vanguardia’, con el apoyo del Parlamento Europeo y siguiendo el criterio editorial de ‘La Vanguardia’
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