El creador del canal Tractoneta restaura y prueba todo tipo de vehículos con ruedas, y en esta ocasión le prestaron un DMC-12 durante un día para hacer cosas mundanas que no requirieran viajar al pasado. Así que en el vídeo se ve cómo es ir con un DeLorean al Mercadona, a la gasolinera (¡lo sentimos, Mr. Fusion!), al McAuto del McDonald’s y la tradicional visita a los padres.
Esto lo podríamos llamar «hacer vida normal» con el coche, pero, claro, con un DeLorean DMC-12 no es lo mismo: cada parada atrae la atención de quienes pasan por allí y el vehículo (matriculado como «histórico», por la matrícula H) acaba convirtiéndose en un photocall para las clásicas fotitos junto a él. Niños, mayores, mediopensionistas, todos se sienten atraídos por igual.
Tan exasperante es la cosa que casi todo en la «experiencia» gira alrededor de las reacciones: gente mirando, grabando, preguntando e intentando tocarlo. Como «coche» mítico tiene las limitaciones de los vehículos de 1981-1982: su motor V6 2.800 cc, consume unos 12 litros a los 100 km, desarrolla «sólo» 130 CV y dice el dueño (@DeLorean_Madrid en Instagram) que requiere de mucho mantenimiento.
- El depósito de gasolina está dentro del maletero delantero, en la misma zona donde van las maletas o la compra. No es precisamente espacioso. (Con gasolina sin plomo 95 va bien).
- Barras de seguridad anti-colados: el dueño guarda unas llamativas barras de seguridad con rayas amarillas para que la gente no se siente a hacerse una foto cuando lo ven aparcado. Es como ir con una atracción de feria a todas partes.
- En la ventanilla no caben ni las hamburguesas:: es tan pequeña que para cualquier uso práctico es mejor ir con la puerta abierta (el coche puede moverse con las dos «alas de gaviota» abiertas) y problema resuelto… En modo 1981, porque hoy en día seguramente sería ilegal.
Pero el peor problema del mundanal DMC-12 es difícil de imaginar: mantener la inmaculada carrocería «sin huellas». El coche es como los teléfonos móviles baratos, que se le quedan las huellas marcadas muy visiblemente. Así que se habla hasta de «protocolos de apertura y cerrado de puertas» para no ensuciarlo. Y de las reparaciones difíciles ni hablar, porque no es fácil «pintar para tapar».
Como curiosidades, el coche resulta muy bajo (se menciona 1,17 m) y la postura de conducción es muy tumbada, con un radio de giro malísimo, que requiere maniobrar más de lo normal. En carretera llega a unos 120–140 km/h, pero digamos que «le cuesta». Lo mejor: los detallitos en forma de botones para el condensador de fluzo, el modo volador, el marcador alternativo de velocidad y el hoverboard rosa que levita, estratégicamente situado detrás del asiento.
Quien quiera vivir la experiencia no necesita comprarse uno; buscando en Google es fácil encontrar DeLoreans de alquiler en Madrid y otras ciudades españolas.
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