La retórica moldea la percepción y transmite las emociones, dicen los escritores para darle un sentido a su vida. Y también debería ser el crédito de los cronistas deportivos que se emocionan, y mucho, cuando ven en acción, por ejemplo, a Ilia Malinin, un macarrilla en la pista de hielo, un chaval salvaje que intenta amoldar su energía de adolescente de high school de Estados Unidos a las leyes, la armonía, el ritmo del patinaje. Un gamberro nacido en diciembre de 2004 en los suburbios de Washington DC que no se corta, no teme la presión, y para reforzar su vínculo con su generación, después de utilizar la música de la serie Succession en su programa, compite también con la banda sonora de Euphoria. Juventud que se busca de drogas y sexo, y, añadiendo en el guion la adicción al hielo, él podría ser uno de los adolescentes protagonistas, con su sudadera estampada, 4A en la espalda, Quad God en el pecho. “Trabajo con muchos patinadores”, explicaba en una entrevista su agente, Ari Zakarian. “Con campeones olímpicos y mundiales de gran calidad, y llevo más de 30 años en esto. Ilia es excepcional. Nunca he visto a nadie como él. Es increíble. Su mente es completamente diferente. No es como una nueva generación. Es como una generación futura procedente del espacio”.
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