A lo largo de la historia de las teorías económicas hay una que resulta ser particularmente inquietante para los reformadores sociales. Basados en series estadísticas respecto del nivel de concentración de la riqueza y el ingreso, correlacionadas con datos acerca del ritmo de expansión del valor total de la producción de bienes y servicios, varios analistas en diferentes épocas han postulado que la concentración facilita la expansión, pues hace posible que un segmento de la población disponga de recursos suficientes, por encima de sus necesidades básicas, para poder ahorrar e invertir. Para muchos es una conclusión preocupante y desalentadora, opuesta a la meta de avanzar hacia estructuras sociales más equitativas.

