A Ramón Bultó le preocupa el futuro. O más bien su futuro viviendo de alquiler a sus 57 años. “Claro que la situación me preocupa. Puede que extienda mi vida laboral unos años para incrementar mi pensión, pero aun así es probable que me tenga que ir a un pueblo, muy lejos de mis hijas, amigos y de la ciudad en la que nací y crecí”. Reside en un piso en el barrio de Buenavista de Getafe (Madrid) con su hija mayor Gabriela, de 21 años y estudiante, y trabaja en el departamento de informática para una multinacional. Paga 751 euros al mes porque hace tres años, con el apoyo del Sindicato de Inquilinas de Madrid, se negó a firmar un nuevo contrato de 1.100 euros con el fondo buitre Fidere.
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