Su rostro aún se recupera de una parálisis facial. Dentro de su cuerpo permanecen esquirlas de las balas que recibió tres años atrás. En su torso hay partes sumidas; huecos que quedaron como vestigio de las heridas. Más allá, el miedo. El terror que María Isamar Pérez Caballero tiene al salir a la calle y volver a encontrarse con los integrantes de la Guardia Nacional (GN) que le dispararon el 6 de diciembre de 2022.
“Para mí fue un trauma bastante feo. Mira cómo estoy. Yo no saco a mis hijas porque tengo miedo. De la escuela a la casa. Ahorita le pido a Dios que me dé más vida para mis hijas y justicia, porque mi vida se volvió muy difícil todos estos años”, dice durante una entrevista realizada en diciembre de 2025 en la Ciudad de México.
La cámara de seguridad de una taquería de la colonia Infonavit Benito Juárez, en Nuevo Laredo, Tamaulipas, grabó la agresión del cuerpo militar encargado de labores de seguridad pública en México, adscrito a la Secretaría de la Defensa Nacional desde 2024 de manera oficial. Es la evidencia que desveló la mentira de los agresores, determinó la institución en sus indagatorias internas, de acuerdo con documentación en poder de El Universal.
Los peritajes demostraron que en el auto sólo se encontró sangre de María Isamar, lo que corroboró que era la única tripulante y la única persona herida; estaba desarmada. Los disparos de los agentes le rompieron una costilla, le dañaron el pulmón y los médicos tuvieron que extraer una parte de su hígado, pues estaba cubierto de fragmentos de uno de los proyectiles. Lo que era un trayecto de regreso a casa para recoger a sus hijas y llevarlas a la escuela terminó en una lucha por conservar la vida y obtener justicia.
A sus 32 años, las secuelas la dejaron incapacitada de por vida. Sus hijas perdieron un año y medio de clases para convertirse en sus cuidadoras. Las investigaciones de Asuntos Internos de la GN demostraron que los perpetradores ocultaron información. Se reconoció que al menos dos elementos dispararon directamente al vehículo sin que mediara un enfrentamiento; fue un ataque unilateral.
Toda la información forma parte de la carpeta FED/TAMP/NVO.LAR/0002618/2022 que, de origen, denunciaba falsamente el “descubrimiento” de un vehículo abandonado. Pese al video y al dictamen de mecánica de lesiones, no hay una sola orden de aprehensión.
La vida de María Isamar hoy es el testimonio de la dilación de la justicia que ha durado más de mil días para mantener la imagen intacta del más reciente cuerpo militar del gobierno mexicano.
La fuerza de la prueba
La hora en el video de la taquería marca las 15:41 del martes seis de diciembre de 2022. El coche Chevrolet rojo entra en escena destartalado, con golpes de choque en el frente y la parte trasera. Tiene dos disparos visibles: uno en el vidrio del piloto, otro en el vidrio trasero izquierdo. Su velocidad disminuye cada segundo hasta detenerse completamente en la calle Insurgentes, casi esquina con Constituyentes, a escasos kilómetros de la frontera con Estados Unidos.
La camioneta GN339327 entra en escena apresurada, van en ella siete elementos: dos cabos, cuatro soldados y un sargento de la Policía Militar de la Guardia Nacional, según se corroboró en el expediente de investigación que la Unidad de Asuntos Internos de la GN abrió sobre este caso. Apenas el vehículo militar avanza a un costado del coche rojo, dos disparos más se incrustan en el vidrio trasero del vehículo civil. El video no tiene audio, pero la escena parece hacer crujir los vidrios del auto.
La camioneta de la corporación se coloca frente al Chevrolet, como si tapara el paso. Se bajan algunos de los elementos. Detrás, llega la camioneta GN339319. Todo el personal, seis guardias y un agente, se apresuran al coche rojo, lo inspeccionan, intentan abrir las puertas. Un agente rompe los vidrios izquierdos con su arma. Se asoman confundidos al interior. Con calma todos vuelven a las camionetas gubernamentales y abandonan el lugar.
Dentro sólo había una persona desarmada: María Isamar, de 28 años.
En la entrevista para este medio, la joven madre rememora los minutos previos. Ella había ido a dejar a una amiga al cruce fronterizo, volvía a casa con la música a todo volumen, sin prestar atención a varios carros que, detrás de ella, viajaban con exceso de velocidad, perseguidos por camionetas de la Guardia Nacional. “Me dio miedo quedar en medio de una balacera y me hice a un lado”, afirma.
Su relato coincide con lo que declaró entonces a la Fiscalía General de la República (FGR). La persecución terminó centrada en ella en el Boulevard Luis Donaldo Colosio. Luego, sobre la calle Constituyentes, la camioneta de la GN la chocó por detrás provocando que colapsara contra un vehículo estacionado. “Me empiezan a disparar. Mi carro seguía avanzando. Ya no lo podía controlar”, narra.
El coche terminó dando la vuelta forzadamente en la calle de Insurgentes hasta detenerse totalmente, como se observa en el video en poder de este medio.
“¡Bájate bastardo! ¿Estás herido?”, recuerda que le gritaban. Rompieron el vidrio y la vieron sola y herida, pero no le prestaron ayuda como están obligados según la Ley de la Guardia Nacional. Se fueron del lugar.
María Isamar no podía abrir el carro porque las puertas estaban atoradas. No recuerda cómo logró salir; en el video se le observa bajar con dificultad del lado contrario al conductor. “Empecé a gritar: ‘Ayúdenme que me dispararon’. Una señora me ayudó, y es lo último que recuerdo”.
Un peritaje manipulado
Horas después de la agresión en contra de María Isamar, el Agente Félix Poot denunció ante la FGR que encontró un coche abandonado. Aseguró que, mientras circulaba con su escuadrón por el Boulevard Adolfo López Mateos, escucharon disparos, se acercaron a la zona y dieron con un Chevrolet Cobalt color rojo que tenía impactos de arma de fuego. Aseguró que no encontraron a nadie a bordo, tampoco armas, sólo residuos de sangre y las llaves pegadas. Según declaró, fue sólo un “descubrimiento”. Así lo informó también el Comandante Suboficial Crispín Santiago a sus superiores, como parte del día.
Pero los integrantes de la Guardia Nacional no contaban con las cámaras de vigilancia privadas y las redes sociales. Pronto se difundieron fotos y un video en el que se ve a personal de la 63/a Compañía de la Guardia Nacional vinculado a una agresión a una civil, lo cual despertó alertas entre los altos mandos de la Compañía.
El 8 de diciembre, el Segundo Subinspector, Rubén Alba, cuestionó al Suboficial Santiago sobre las imágenes en dos ocasiones distintas. En ambas mantuvo su versión: “fue cuando se verificó el vehículo para ver qué había en su interior”. Sin embargo, al ver el video notaron que “los hechos no son congruentes a las manifestaciones que había dado el Suboficial”. Las autoridades superiores se encontraron, además, con que había una mujer hospitalizada con heridas de arma de fuego que viajaba en un Chevrolet Cobalt rojo.
“Buena noche, mi Gral. Sobre los hechos del video, la CE de Tamaulipas informó: ‘Los hechos son verídicos’”, confirmaron los investigadores de la Guardia.
Parte de la investigación interna que realizó la Guardia Nacional consistió en recopilar las declaraciones por escrito de cada uno de los 21 militares que viajaban en los convoyes. Hay algunos dichos coincidentes entre sí, otros señalan cosas que nadie más notó. Por ejemplo, unos aseguran que del vehículo rojo les estaban aventando ponchallantas, otros que el coche rojo iba a gran velocidad y por eso chocó, otros que fue la camioneta gubernamental quien lo impactó.
Los únicos dos elementos que reconocen haber disparado son el soldado Julio R. y el cabo Félix P. La conclusión fue que dispararon por incertidumbre y nerviosismo, “lo cual demuestra falta de adiestramiento”, por lo que la GN consideró que el personal actuó “de manera imprudente” y que abandonó el lugar sin dar primeros auxilios a la lesionada, además de que el suboficial no informó que habían efectuado disparos con arma de fuego.
“Por la adrenalina me puse nervioso porque no sabía quiénes venían al interior del vehículo rojo ya que estaba polarizado (...) rompí el vidrio trasero con el rompeflama de mi arma para asegurarme que no estaba en peligro la vida de mis compañeros y la mía; a lo que no se encontró nada en los asientos traseros del vehículo”, dijo uno de los guardias.
Aunque la GN sólo reconoce dos disparos, las huellas en el auto dicen otra cosa. La institución de seguridad aseguró a la Fiscalía que, tras revisar el armamento, solo faltaron dos municiones. Sin embargo, en su investigación interna, la misma Guardia notó la discrepancia en las declaraciones del personal que aseguró haber disparado en una sola ocasión y las fotografías del vehículo, en el que se observan varios impactos de bala. El peritaje confirmó esto: el coche de María Isamar tiene 20 daños producidos por proyectil de arma de fuego, aunque no hay claridad del momento en que estos disparos ocurrieron.
En el video de la agresión sólo son visibles dos orificios de bala en los vidrios laterales del auto y un par más que entra por el vidrio trasero; luego, la Guardia Nacional abandona el lugar, y minutos después María Isamar logra salir del auto sin que haya más disparos en contra de ella o el vehículo.
Los miembros de la Guardia Nacional terminaron por reconocer en sus declaraciones que mintieron “por temor a ser acusados de algún delito”. A pesar de que los vehículos institucionales cuentan con cámaras, reportaron que una de ellas “presentó fallas al momento de emitir la videograbación” y que la otra no grabó nada porque “no contaba con suficiente carga”.
En la carpeta de investigación aparecen fotos de las camionetas de la Guardia Nacional que estuvieron involucradas en el ataque. En ningún momento se menciona que éstas hayan tenido daños por disparos de arma de fuego.
“Por el tipo, magnitud y características de las lesiones descritas en las documentales que me fueron proporcionadas para su estudio de la persona de nombre María Isamar Pérez Caballero, sí existe correspondencia con los hechos, según la denuncia hecha en contra de integrantes de la Guardia Nacional y la narrativa de entrevista ministerial de la C. María Isamar”, determinó el dictamen de mecánica de lesiones.
La armadura de cristal
La Guardia Nacional se creó en 2019 por medio de un decreto presidencial promovido por Andrés Manuel López Obrador. Se prometió que sería un cuerpo civil de seguridad a cargo de la Secretaría de Seguridad Pública y Ciudadana, pero desde el inicio despertó sospechas porque sus integrantes eran de la Sedena, la Marina y la extinta Policía Federal. En septiembre de 2024 se concretó aquello que se intuía desde su creación: el cuerpo de seguridad quedó bajo el mando de la Sedena y sería militar.
Desde su origen, este cuerpo de seguridad que se presumía civil, estuvo envuelto en presuntas violaciones a derechos humanos. El Sistema Nacional de Alerta de Violación de Derechos Humanos da cuenta de 2 mil 716 quejas atribuibles a la Guardia Nacional, interpuestas ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), que dirige Rosario Piedra Ibarra desde finales de 2019.
Pese al número de señalamientos, la CNDH apenas ha generado 21 recomendaciones para esta corporación, 16 de ellas por violaciones graves similares al caso de María Isamar: disparos a vehículos con tripulantes desarmados que terminan muertos y heridos, con secuelas de por vida. Estudiantes, padres, madres, hijos e hijas. Los casos se han registrado en Chihuahua, Jalisco, Guanajuato, Durango, Tabasco, entre otros. Las hay también por tortura, desaparición forzada y uso excesivo de la fuerza. Estas recomendaciones se presentaron por casos que ocurrieron antes de que el control de la Guardia Nacional fuera tomado por la Sedena; la última de ellas se dio en 2024.
Aunque la CNDH supo de la violación de derechos humanos contra María Isamar desde el 8 de diciembre de 2022, no ha emitido una recomendación al respecto.
Se solicitó el posicionamiento a la GN, la FGR y la CNDH sin que al cierre de edición hayan dado su respuesta.
Segundo tras segundo


