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- Trump apareció con su habitual postura desafiante, en especial hacia algunos medios de comunicación, presentes en el gran comedor del Hotel Hilton .
Entre las mesas, corresponsales de medios como The New York Times, CNN y Fox News compartían espacio con asesores, invitados y figuras del entorno político. Pero no era una noche cualquiera, por primera vez, el actual presidente accedía a compartir un acto con la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, un influyente lobby periodístico que no de manera constante ha contado con las simpatías del mandatario.
El menú avanzaba y los mensajes telefónicos eran insistentes y generaban una vibración constante sobre las mesas a cada frase del polémico mandatario. Cada intervención, cada gesto, era documentado en tiempo real. No era solo una cena, era noticia en directo. Pero de repente, los primeros “golpes sordos”.
Se escucharon los disparos claramente y todo el mundo buscó refugio bajo las mesas
Eduard Ribas
Corresponsal EFE Casa Blanca.
“Llegamos a pensar que era una bandeja que se caía” decían los primeros disfrazados de humor. Trump lanzó una serie de bromas dirigidas a la prensa, Algunas risas surgieron, pero fueron breves, incómodas, casi mecánicas. Hasta que un silencio inquietante llenó la sala.
No todos los oyeron al principio. En el vestíbulo del hotel, lejos del foco del escenario, un hombre armado irrumpió y efectuó varios disparos. Dentro del salón, el sonido llegó amortiguado: seco, difícil de identificar. Algunos asistentes se detuvieron, otros siguieron hablando, dudando de lo que acababan de oír. Sus dudas se desvanecieron cuando los miembros del servicio de seguridad gritaron: “¡Disparos!”.
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Eduard Ribas, corresponsal de la agencia EFE en la Casa Blanca, fue testigo de excepción. “Se escucharon los disparos claramente. Todo el mundo buscó refugio debajo de las mesas”, ha dicho en una entrevista a RTVE. “Se han llevado muy rápido al presidente y al resto de políticos, pero los demás nos hemos quedado allí”, ha relatado. No obstante, Ribas también ha explicado que el recinto se ha “sellado rápidamente”. Se ha producido un “momento de caos”, ha descrito y “todo el mundo estaba grabando con el teléfono para explicar lo que pasaba, pero en esa sala no había conexión a internet”, ha comentado el corresponsal de Efe.
Trump evacuado y la sala sellada Bo Erickson / Reuters
En cuestión de segundos, la incertidumbre la desarmó protocolo de seguridad. Agentes del servicio secreto se desplegaron con rapidez. La mesa presidencial fue rodeada, las salidas aseguradas, yTrump evacuado de la salade baile junto al resto de altos cargos. No hubo gritos ni estampidas, solo mucha tensión, en la que cada movimiento parecía coreografiado para evitar el pánico. Los que estaban más cerca de las salidas huyeron despavoridos, repartidos por el servicio de seguridad hacia otras dependencias y los que se encontraban en el centro de sala, acabaron escondidos bajo las mesas.
Fuera del salón, la escena era distinta. El atacante había sido reducido y detenido por las fuerzas de seguridad tras disparar en el vestíbulo. Iba armado con una escopeta, una pistola y varios cuchillos. Un agente resultó herido por el impacto de un disparo, pero su chaleco antibalas evitó consecuencias fatales.
En pocos minutos, el evento se fragmentó en relatos. Algunos asistentes describían confusión; otros, una evacuación “rápida y profesional”. Mientras tanto, en las redes sociales, los primeros vídeos y testimonios empezaban a circular, construyendo un primer relato.
Horas después, ya en la Casa Blanca, Trump reapareció. Agradeció la actuación de las fuerzas de seguridad y subrayó la rapidez de la respuesta. “Han actuado con valentía”, afirmó, al tiempo que recordaba otros episodios recientes de amenazas contra su vida, reforzando una sensación de vulnerabilidad que se genera en una sola noche.
Al amanecer, el salón del Hilton volvía a estar en calma. Pero ya no era el mismo espacio, el propio Trump aseguraba que era “un espacio inseguro” ya que en él también atentaron contra Ronald Reagan. El propio presidente tomó el protagonismo en las redes sociales y los mensajes publicados por el mandatario dieron forma al incidente que instigó un maestro californiano de 31 años, Cole Allen.





