La imposición, como forma de liderazgo, ha saltado estos días al primer plano de la mano del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Él se ha propuesto, desde la presión, ordenar la escena geopolítica bajo su criterio y mando. Un patrón, el de ejercer el poder desde el ultimátum y la asimetría de fuerzas, incluso con el rechazo explícito del interlocutor, que se repite en algunas organizaciones. Pero encajar un no y atreverse con él exige una estrategia para impedir romper puentes, menoscabar la autoridad del superior y proteger las relaciones laborales. En la empresa, como en la geopolítica, el poder se negocia.
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Desobediencia debida
Un trabajador no está obligado a cumplir la orden de un jefe si es ilegal o vulnera un derecho fundamental. “El poder del empresario encuentra límites en la ley cuando atañe, por ejemplo, al respeto a la dignidad e intimidad de sus empleados. Es el caso de las denuncias formuladas por dos empleadas de Julio Iglesias al expresar que el cantante, presuntamente, solicitaba su acceso a efectos personales, como el móvil”, declara la presidenta de la Asociación Nacional de Laboralistas, ASNALA, Ana Gómez. La abogada aconseja documentar siempre y dejar por escrito el motivo de la oposición, incluido el formato en audio.



