Un objeto compacto de la Vía Láctea emite pulsos sincronizados de radio y rayos X cada 44 minutos, desafiando los modelos actuales sobre magnetars, enanas blancas y transitorios estelares.
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El hallazgo no llegó como una señal aislada ni como un destello espectacular captado por casualidad. Surgió al cruzar datos de radio y rayos X de una región muy concreta de la Vía Láctea, una zona densa, polvorienta y observada miles de veces sin que nadie hubiera detectado nada similar. Allí apareció ASKAP J1832–0911, un objeto compacto que emite pulsos extremadamente brillantes durante unos dos minutos y repite ese patrón con una regularidad desconcertante: cada 44 minutos.
La importancia del descubrimiento no está solo en la rareza del ritmo. El paper científico que lo describe documenta por primera vez algo que hasta ahora solo se había planteado como posibilidad teórica: un transitorio de radio de período largo que también emite rayos X. Esa coincidencia temporal entre ambos tipos de emisión obliga a replantear los modelos actuales y sitúa a ASKAP J1832–0911 como un objeto sin equivalente claro entre las poblaciones estelares conocidas.
Un nuevo tipo de señal en el cielo
ASKAP J1832–0911 pertenece a una clase muy reciente de objetos llamada transitorios de radio de período largo. A diferencia de los púlsares clásicos, que emiten pulsos separados por milisegundos o segundos, estos objetos lo hacen en escalas de decenas de minutos o incluso horas. Esa lentitud los sitúa en una región incómoda de la física estelar, donde los mecanismos habituales de emisión dejan de funcionar.
El primer análisis de la señal de radio ya daba pistas de que no se trataba de una fuente cualquiera. Durante cada episodio activo, el objeto emite pulsos extremadamente intensos, que llegan a la Tierra con una potencia muy alta para este tipo de fenómenos. Además, la señal está fuertemente polarizada, una característica que suele asociarse a campos magnéticos muy intensos y a procesos físicos bien organizados, no al ruido o a emisiones caóticas.

La regularidad del período es uno de los aspectos más llamativos. Tras analizar decenas de pulsos, los autores obtienen un valor de 2656,247 segundos, sin detectar variaciones apreciables en el tiempo de llegada. Esta estabilidad refuerza la idea de que el fenómeno está ligado a un proceso rotacional o orbital, y no a una emisión caótica o transitoria sin estructura.
La sorpresa de los rayos X
El verdadero punto de inflexión llegó cuando se analizaron observaciones de archivo del telescopio espacial Chandra. En una observación realizada en febrero de 2024 apareció una fuente de rayos X exactamente coincidente en posicióncon ASKAP J1832–0911 y, lo más importante, con el mismo período de 44 minutos.
El propio artículo lo resume con claridad: “Aquí informamos del descubrimiento de un transitorio de radio de período largo extremadamente brillante, ASKAP J1832–0911, que presenta emisión coincidente en radio y rayos X, ambos con un período de 44,2 minutos”. Esta frase, tomada del paper original, marca un antes y un después en el estudio de estos objetos.
La emisión en rayos X tampoco es estable. En el único episodio en el que pudo medirse con claridad, el objeto liberó una cantidad de energía comparable a la de los sistemas de rayos X más activos de nuestra galaxia, pero solo durante un intervalo muy breve. En observaciones realizadas antes y después, la fuente desaparece por completo, quedando por debajo de lo que los instrumentos pueden detectar.
Este comportamiento extremo —pasar de un estallido energético intenso a un silencio total— resulta clave para interpretar el fenómeno. Lo más llamativo es que el destello en rayos X ocurre al mismo tiempo que los pulsos de radio, siguiendo exactamente el mismo ritmo de 44 minutos. Esa coincidencia temporal indica que no se trata de dos procesos independientes superpuestos por azar, sino de un único mecanismo físico capaz de generar radiación muy distinta en energía, pero perfectamente sincronizada.
Un objeto que no encaja en los modelos clásicos
Uno de los primeros escenarios que los autores descartan es el de un púlsar convencional alimentado por rotación. La razón es sencilla: la energía emitida en radio es miles de veces superior a la que el objeto podría extraer de su frenado rotacional. El paper lo expresa de forma tajante al señalar que ASKAP J1832–0911 “no es un púlsar alimentado por rotación”.
Tampoco encaja en los modelos de acreción habituales, como los de binarias de rayos X. En estos sistemas, los cambios de estado suelen apagar la emisión coherente en radio, justo lo contrario de lo que se observa aquí. Además, los pulsos de ASKAP J1832–0911 son demasiado breves, coherentes y altamente polarizados para proceder de chorros o discos de acreción.
La combinación de un período tan largo, una emisión de radio coherente extremadamente brillante y un episodio de rayos X asociado convierte a este objeto en una anomalía estadística y física. Como reconocen los autores, “estas propiedades son únicas entre los objetos galácticos conocidos y requieren una nueva explicación”.
La hipótesis del magnetar envejecido
Una de las explicaciones exploradas es que ASKAP J1832–0911 sea un magnetar muy viejo, con un campo magnético todavía intenso pero una rotación extremadamente lenta. Los magnetars son estrellas de neutrones alimentadas principalmente por la energía almacenada en sus campos magnéticos, no por su rotación.
Una de las hipótesis que se barajan es que se trate de un magnetar muy envejecido, un tipo de estrella de neutrones cuyo comportamiento está dominado por campos magnéticos extremos. En este caso, los cálculos indican que ese campo seguiría siendo billones de veces más intenso que el de la Tierra, incluso después de cientos de miles de años de evolución.
En ese escenario, la energía no provendría tanto de la rotación del objeto como de cambios bruscos en su propio campo magnético. Esas reorganizaciones pueden liberar enormes cantidades de energía en regiones muy pequeñas, acelerando partículas y produciendo, casi al mismo tiempo, pulsos de radio y destellos de rayos X perfectamente sincronizados.
Sin embargo, este modelo no está exento de problemas. Los magnetars conocidos con campos tan intensos suelen mostrar una emisión de rayos X persistente mucho más elevada. Explicar por qué ASKAP J1832–0911 permanece casi apagado durante largos periodos y solo emite breves estallidos sigue siendo un desafío teórico importante.
Una enana blanca extrema como alternativa
La otra posibilidad que se discute con detalle es la de una enana blanca extremadamente magnetizada, posiblemente en un sistema binario con una compañera de baja masa. En los últimos años se han descubierto sistemas de enanas blancas capaces de emitir pulsos de radio, aunque con luminosidades muy inferiores.
En esta interpretación, el objeto principal sería una enana blanca con un magnetismo fuera de lo común. Los modelos indican que su campo magnético tendría que ser extraordinariamente intenso, muy por encima de lo observado en cualquier enana blanca conocida hasta ahora. De confirmarse, se trataría del ejemplo más extremo de este tipo de estrella en toda la Vía Láctea.
Ese magnetismo desmesurado permitiría explicar otro rasgo clave del fenómeno: la conexión entre la emisión de radio y la de rayos X. En un sistema binario tan compacto, las interacciones magnéticas entre ambas estrellas podrían liberar energía de forma periódica, generando pulsos breves pero muy intensos en distintas bandas del espectro, todos sincronizados en el mismo ritmo de 44 minutos.
El problema es que incluso estos sistemas no reproducen bien la combinación de brillo extremo, polarización lineal elevada y variabilidad abrupta observada en ASKAP J1832–0911. Como reconocen los autores, ambas hipótesis “plantean desafíos significativos para las teorías de formación y emisión”.
Un nuevo tipo de transitorio de rayos X
Más allá de la naturaleza concreta del objeto, el paper subraya una consecuencia clave: la detección establece “una nueva clase de transitorios de rayos X con periodicidades de escala horaria”, asociados a una emisión de radio coherente excepcionalmente intensa.
Esto abre una vía completamente nueva para la búsqueda de estos objetos. Hasta ahora, los transitorios de período largo se detectaban casi exclusivamente en radio. La confirmación de que algunos pueden emitir rayos X de forma sincronizada amplía enormemente el espacio observacional y permite diseñar estrategias conjuntas entre telescopios terrestres y espaciales.
El descubrimiento también sugiere que puede existir una población oculta de objetos similares, activos solo durante breves ventanas temporales y fácilmente pasados por alto en campañas tradicionales. ASKAP J1832–0911 podría ser solo el primer ejemplo claramente identificado de un fenómeno mucho más común de lo que se pensaba.
Referencias
- Wang, Z., Rea, N., Bao, T., et al. Detection of X-ray emission from a bright long-period radio transient. Nature. DOI: https://doi.org/10.1038/s41586-025-09077-w.
