
Espido Freire no ha dejado de vivir con pasión la literatura desde los 23 años, cuando publicó su primera novela. Ni de soportar los rigores de la promoción desde los 25, cuando ganó el Premio Planeta. Admite que hasta los 40 disfrutó poco de la vida, que a los 50 le da menos importancia a todo y que está deseando ver qué le deparan los 70 y 80. En todos estos años jamás ha dejado de viajar, bien por exigencias profesionales, bien por puro placer, ni de escribir sobre esos viajes. Ahora acaba de publicar una Guía de lugares que ya no existen, justo cuando el mundo empieza a cuestionar unas fronteras que para ella eran incuestionables: “Pensamos que Europa no, que Estados Unidos no, que Occidente no, que nuestra generación no, pero sí”.
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