En pleno bulevar de La Vega, al oeste de Caracas, el zumbido constante de las máquinas de afeitar se mezcla con risas, consejos y palabras de aliento. No es solo una barbería: es un refugio, una escuela de vida. Allí funciona el proyecto «Jóvenes Barberos», el cual recibe a muchachos de entre 14 y 25 años de edad, decididos a aprender un oficio en un contexto donde las oportunidades escasean.
“Es importante enseñar un oficio a los jóvenes para que no caigan en el ocio”, dice Gabriela Vega, conocida como “La Negra”, líder comunitaria y motor de esta iniciativa que, desde hace aproximadamente cinco años, busca transformar las realidades de aquellos que viven en zonas vulnerables. Su voz suena firme, pero también cargada de afecto.
“No se trata de criticar, sino de dar herramientas que los motiven a crecer”, afirmó convencida durante una entrevista con el equipo de El Pitazo.
En este pequeño espacio, cada corte de cabello es también una lección. La disciplina, la puntualidad y la constancia son tan importantes como dominar la máquina o la tijera. Gabriela Vega lo resume con una frase que repite como mantra: “Tengo a mis hijos en casa y a mis hijos de la barbería”.
Cada semana, entre 15 y 20 personas pasan por las sillas del local. Hoy son seis jóvenes barberos activos, pero el impacto del programa va más allá: unos 40 han sido formados desde el inicio de la barbería en agosto de 2025, algunos provenientes incluso de otras parroquias de Caracas.
Cada ciclo de formación dura 16 semanas, tiempo suficiente para aprender un oficio y, en muchos casos, cambiar el rumbo.
Este proyecto arrancó aproximadamente hace unos cinco años con apoyo de organizaciones no gubernamentales, pero no fue sino hasta agosto de 2025 cuando se inauguró un espacio físico con la mentoría del empresario venezolano, Álvaro Pérez Miranda, productor de experiencias culinarias con más de 40 años de trayectoria fuera del país
El deseo de transformar vidas se despertó en Álvaro Pérez Miranda justo en el año 2024 cuando regresó a Venezuela para hablar en sectores populares de Caracas sobre su crecimiento personal tras emigrar del país a sus 17 años de una zona vulnerable en San Blas, en la ciudad de Valencia, estado Carabobo.
Justo cuando visitó La Vega se vio reflejado en muchachos llenos de sueños y metas, quienes le expresaron su deseo de formarse como barberos. Algunos ya tenían el conocimiento adquirido en años anteriores, pero les hacía falta un impulso final. Meses después vieron su sueño materializado.
Historias transformadas
Kraiven Martínez tiene 19 años de edad y es uno de esos rostros que resumen la transformación. Llegó con apenas 14 años, cuando apenas comenzaba la iniciativa. Luego de graduarse de bachiller pausó sus estudios, pero el mismo proyecto lo ayudó a retomar su carrera universitaria.
“Antes no tenía un lugar fijo para trabajar, pero con la barbería todo es distinto”, relató. Hoy no solo corta cabello, también enseña. “Nunca pensé que a esta edad pudiera formar a otros”.
A pocos metros, Jesús Noriega, de 23 años, combina su formación en Educación Informática con las clases que imparte en el taller. Llegó hace cuatro años buscando conocimientos básicos, pero encontró algo más profundo.
“Todo lo que aprendo en la universidad lo traslado aquí”, explicó desde un sillón de la barbería, el lugar que también lo ayudó a vencer su timidez, pues cada día expande sus habilidades enseñando a otros.
Para los más jóvenes, el espacio representa una puerta temprana hacia la independencia. Ese es el caso de Diego Justo. Tiene 14 años de edad, estudia, hace deporte y sueña con ser ingeniero, pero decidió aprender barbería para tener una oportunidad económica.
«He aprendido bastante. Agradezco mucho porque los profesores han tenido paciencia”, dijo con seguridad en entrevista con El Pitazo.
Trincheras de esperanzas
En medio de las dificultades que atraviesa el país, iniciativas como Jóvenes Barberos se convierten en pequeñas trincheras de esperanza. No prometen soluciones inmediatas, pero sí algo igual de valioso: herramientas para construir un camino propio.
Historias como la de Kermit Samanieto reflejan otra cara del proceso. Actualmente tiene 20 años, pero se inició en el mundo de la barbería a los 15, sin estudiar y con dudas.
Hoy piensa en el futuro con otros ojos. Quiere tener su propio negocio y replicar la ayuda que recibió. “Si a uno le enseñan sin costo, también tiene que compartir esos aprendizajes», afirmó.
Ignacio Tejera es uno de esos jóvenes que recibe las enseñanzas de los más antiguos. Tiene 15 años de edad y llegó motivado gracias a los videos que veía sobre la barbería. Ahora, con máquina en mano, confirma que la curiosidad era el primer paso.
Su mensaje es sencillo, pero contundente. Aseguró que las oportunidades llegan, pero hay que confiar y aprovecharlas.
Esa frase la reafirma Gabriela Vega. Afirmó que siempre hay una oportunidad, pero lo primordial es no rendirse e intentarlo las veces que sean necesarias.
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