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- Pero, sorpresa sorpresa, hacia 2007, la primera vez que fui a la ONU y estuve en el pleno del comité de no proliferación, escuché a todos los países intervenir con cifras y referencias concretas sobre nuestras armas nucleares.
En conversación con El Confidencial, Dolev explica por qué las armas nucleares se han convertido en uno de los mayores tabúes dentro de Israel.
PREGUNTA. ¿Por qué decidiste interesarte por el tema nuclear?
RESPUESTA. Crecí en Arad. Arad es la ciudad en la que viven múltiples de los trabajadores del reactor atómico de Dimona y en mi adolescencia, cuando nos sacábamos el carnet de conducir a los 17, el juego era conducir muy despacio cerca del reactor o parar el coche y esperar a que vinieran los de seguridad, que aparecían por las montañas del desierto. Yo soñaba sobre armas nucleares, sin saber qué eran. Era pequeña, 6 o 7, pero recuerdo que soñaba que la bomba era un chicle que se inflaba e inflaba y se hacía tan preponderante que devoraba mi ciudad. Pero no hablábamos de eso, aunque de manera constante estaba allí.
De adolescente vi la película El día después. Es muy recomendable si quieres deprimirte del todo y me dejó muy tocada. Muestra los silos de donde salen las bombas, las bombas cayendo y el día después de manera realista. Muestra la gente que no llegó a los refugios a tiempo, las enfermedades... Hay un rumor de que esta película es uno de los motivos por los que (Ronald) Reagan comenzó a hablar con los soviéticos para reducir el armamento nuclear.
P. ¿Qué sabemos realmente sobre los efectos de las armas nucleares en un contexto en el que líderes implicados en un conflicto bélico vuelven a plantear su posible uso?
R. Sabemos lo suficiente sobre las armas nucleares como para afirmar que una bomba extermina una ciudad. No sirve para nada más. Lo hemos visto en uso en dos ocasiones, en Hiroshima y Nagasaki. Los supervivientes de lo ocurrido en 1945, y también sus descendientes, siguen teniendo hoy una mayor probabilidad de padecer cáncer, malformaciones congénitas o abortos. Y aun así, no conocemos del todo las implicaciones de las armas nucleares, porque tanto en Hiroshima como en Nagasaki sus efectos continúan manifestándose, generación tras generación.
Sharon Dolen. (Cedida)
Después de estas dos bombas empezó la carrera armamentística atómica. En los años 80, Estados Unidos y la entonces Unión Soviética llegaron a tener más de 90.000 bombas nucleares. Si 500 bombas caen en ciudades sería el fin de la especie humana y de la vida en el planeta tierra tal y como la conocemos.
Un estudio relativamente nuevo de 2008 dice que, si hubiera una guerra atómica limitada entre, digamos, India y Pakistán, y usasen bombas pequeñas, como las que se usaron en Nagasaki e Hiroshima —hoy ya no construyen bombas pequeñas, las hacen entre 40 y 60 veces más grandes, pero pongamos el caso—, las implicaciones globales de una ciudad que se evapora son catastróficas. Cuando una bomba estalla sobre una ciudad, en la primera explosión en el epicentro, durante un nanosegundo el calor es el del sol y la explosión es tan poderosa que la ciudad se evapora transformándose en partículas que llegan a la estratosfera. Cuando una ciudad se evapora, esto quiere decir carreteras, hospitales, seres humanos, tiendas, coches, todo se convierte en polvo-ciudad y entra en la estratosfera. En un par de días el polvo cubrirá todo el planeta tierra. Esto es solo lo que pasa en el centro de la ciudad. Alrededor de ella habrá incendios y radiación, los primeros auxilios no podrán llegar, pero tampoco habrá hospitales.
El estudio muestra que, a parte de los millones que morirán en la explosión y la radiación que llegará a todo el planeta, por la falta de sol los cultivos no producirán lo necesario y por eso las hambrunas y probables guerras por los recursos. Se estima que 2.000 millones de personas morirían de hambre en los dos primeros años.
P. ¿Cuántas potencias nucleares hay realmente?
R. Esas son las buenas noticias, porque solo hay 9 países con armas nucleares. Hay cinco que tienen permitido tenerlas según el tratado de no proliferación de armas atómicas que también, casualmente, son las naciones con asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU: EEUU, Rusia, China, Gran Bretaña y Francia. El motivo por el que tienen permiso para tenerlas es porque experimentaron con ellas y lo declararon antes de 1967, cuando se firmó el tratado de no proliferación. Hay cuatro países fuera del tratado, India, Pakistán, Corea del Norte. Y claro, "según medios internacionales", Israel.
Cuando se creó el tratado de no proliferación, la aspiración era que nadie tuviera armas atómicas. Hay una comprensión de que es un arma que no se puede utilizar, pero se sigue construyendo con la esperanza de que cree algún tipo de disuasión, que también es un mito, porque funciona hasta que deja de funcionar. Ha habido muchas veces en la historia en las que casi se usaron. ¿Hay que condicionar el futuro de la especie humana a que Trump no las use? ¿A qué Netanyahu no use un arma que el mundo entero cree que tenemos y nosotros hacemos como si no?
P. ¿Te educaron en casa a no hablar del tema nuclear?
R. Soy un producto israelí y, como todos aquí, de manera constante pensé que no podía hablar de ello. No nos dijeron explícitamente no hablar, pero sí me educaron a no preguntar. Por ejemplo, tenía prohibido preguntarle a nuestro vecino, que trabajaba en el reactor, cómo le había ido el día. Nada.
Me casé con un neozelandés y cuando llegas a Nueva Zelanda en el aeropuerto te recibe un enorme cartel que dice “Bienvenidos a Nueva Zelanda, una zona libre de armas nucleares”. Y me dije, “Wow, aquí lo hablan abiertamente”. Allí entré en contacto con organizaciones pacifistas y entendí que todas, por defecto, eran antinucleares. Fue entonces cuando me di cuenta de que Israel es el único lugar donde las organizaciones pacifistas no son antinucleares.
P. Eso sí que es sorprendente
R. Sí, las organizaciones de izquierda tienen aún un enorme rechazo a tratar el tema. A lo largo de los años me ha sido más fácil llegar al centro y la derecha que a la izquierda. Porque las organizaciones de izquierda ya son señaladas como traidoras, así que históricamente no querían añadir el asunto radiactivo. Y cuando fui laureada parcial con el premio nobel, Haaretz (diario de izquierda) se negó a entrevistarme, si bien yo era la activista en el terreno, ellos entrevistaron a los representantes de la organización en Ginebra. Es más, en el partido en el que militaba, Meretz, hubo un debate si felicitarme públicamente o no, y salió que no.
P. ¿Está prohibido por la censura israelí hablar del reactor de Dimona? Los periodistas usan de manera constante el subterfugio "según fuentes internacionales" para referirse a lo nuclear en Israel.
R. Cuando trabajé con Greenpeace en 2007 intentamos entender qué se podía decir y qué no, desde el punto de vista legal, y los abogados descubrieron que la ambigüedad existe porque no hay nada en la ley. Es solo un tabú, y por eso funciona tan bien. Tan bien que Israel es el único país en el que las organizaciones verdes, las del medioambiente, no tienen una postura con respecto a la energía nuclear. Es una locura. No digo postura sobre el arma, sino tampoco sobre la energía.
P. ¿Qué consecuencias tiene la falta de conversación?
R. Nos pone en peligro. La gente no habla del asunto pensando que pone en riesgo a la seguridad del Estado, que es algo que no tiene ninguna lógica. Y si no hay conversación, los que viven cerca del reactor, por ejemplo, no pueden saber si están expuestos a niveles de radiación, porque si piden esa información, tampoco se la dan.
P. Pero, ¿cuál es el complejidad real que tienen los israelíes para admitirlo? Todos los demás países con armas nucleares lo admiten y hasta alardean de ello, y todo el mundo sabe que Israel es nuclear.
R. Tú dices que todo el mundo sabe que Israel es nuclear, pero la percepción aquí es que nadie lo sabe.
P. ¿Cómo el rey desnudo?
R. Exacto. El argumento —más allá de poner en peligro al país— es que, si los países árabes supieran que tenemos armas nucleares, querrían desarrollarlas también. Pero, sorpresa sorpresa, hacia 2007, la primera vez que fui a la ONU y estuve en el pleno del comité de no proliferación, escuché a todos los países intervenir con cifras y referencias concretas sobre nuestras armas nucleares. Ahí entendí que la forma en que nos tratan deriva, en gran medida, de que somos percibidos como un país nuclear. Y si todos lo saben, y en esa sala estaban también los países árabes e Irán,, ¿por qué sigue siendo un secreto?
P. ¿Por qué?
R. No tengo una respuesta, solo sé por qué empezó. El que Israel no hiciera evidente su estatus nuclear ayudaba a EEUU: tenemos una relación especial, nos ayudan, les robamos uranio… y somos un Estado fuera del tratado de no proliferación, lo que significa que no nos pueden asistir en cuestiones relacionadas con lo nuclear. Dentro de Israel esto es muy cómodo para todos los gobiernos. No hablamos de eso, no pensamos sobre eso, mantenemos la ambigüedad y no debatimos si Israel debe o no debe tener armas nucleares. Tal vez la decisión final de un debate es que sí debemos tenerlas y yo estoy equivocada, pero como no hay discusión…
P. ¿Sientes que estamos en una situación de peligro nuclear con esta guerra contra Irán?
R. Se me pasó por la cabeza, sí, sobre todo con un presidente (Trump) que está a favor de usar armas nucleares tácticas. Recordemos que lo que hoy llamamos armas nucleares tácticas son del mismo tamaño que la bomba de Hiroshima. Me preocupa mucho lo que hagan Trump y Netanyahu, porque de manera constante parece que hay una línea que no cruzarán, pero siguen sorprendiéndonos. También me da miedo que bombardeen lugares con armas convencionales cuyo resultado es similar al uso de una bomba no nuclear, pero sí radiológica. Y ya han atacado instalaciones petroquímicas, que se puede producir el mismo efecto que un arma química.
P. ¿Una ráfaga de misiles balísticos de Irán contra el reactor de Dimona podría provocar un desastre nuclear?
R. No lo sé, porque no sabemos si el reactor está en funcionamiento. Por la ambigüedad.
Si el reactor está operando y por algún motivo se calienta y no se puede enfriar solo, puede haber una explosión y puede producirse una polución radiactiva que puede viajar cientos de kilómetros dependiendo del viento. Si los misiles llegan a Dimona, puede ser una pequeña catástrofe o una gran catástrofe. El asunto es que cuando Israel y EEUU atacan centrales nucleares en Irán, Irán tiende a responder del mismo modo. Si me importa la seguridad de la gente que vive en Israel y soy el primer ministro y doy la orden de atacar una central nuclear o petroquímica, ¿también pienso en toda la gente que vive alrededor del reactor? ¿Les doy yodo de antemano? ¿Tengo planes de evacuación si hay radiación? La respuesta es probablemente no. Eso es por la ambigüedad. Si se hablara de esto, la gente recordaría tener miedo de tener reactores cercanos, exigiría protección y se plantearía si es buena idea que el gobierno bombardee centrales nucleares en otros países.
P. ¿Crees que Irán pretendía tener un arma nuclear de manera inminente?
R. Irán estaba construyendo la capacidad para tener un arma nuclear. Si hacemos caso a lo que nos dicen los medios israelíes, desde (Menajem) Beguin, en 1978, todos los primeros ministros insisten, y los medios repiten, que Irán está así de cerca de conseguir un arma nuclear. Llevamos así 40 años. Sería racista o estúpido asumir que no podían construirla en todo este tiempo. Así que es solo lógico asumir que si hubieran querido pasar ese umbral, lo hubieran hecho. Y el motivo por el que no lo hicieron es porque querían estar en el lugar en el que estaban, cumpliendo el tratado de no proliferación, no pasando el umbral pero teniendo la capacidad, para que les tomen en serio. Irán, además, tiene su propio trauma de su guerra con Irak, en la que fue atacado con armas químicas.
P. ¿Crees que esa es una opción en el contexto actual, que ataque a los países vecinos con ese tipo de armas?
R. No creo que tengan programas de armas biológicas y químicas, pero tampoco creo que las usaran porque ellos fueron atacados con ello y, además, perderían la posición en la que están en el contexto actual en el mundo (y están en un buen lugar). Pero lo que sí me da miedo es que en el contexto actual ya saben que si ellos tuvieran un arma nuclear, no los atacaríamos. Y en el contexto actual mismo son aún parte de dos tratados: del de no proliferación (por eso tienen inspectores) y también participan en la Conferencia de la ONU para un Medio Oriente libre de armas de destrucción masiva. Me preocupa mucho que decidan no seguir participando.
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