
Estudiantes secundarios adoctrinados por antiguos frentistas y miristas balbuceando consignas en las calles, interrumpiendo el transporte público e involucrándose en desmanes. “El que no salta es paco”. Representantes partidistas, como Daniela Ciccardini, del PS, pidiendo la renuncia de ministros. El Partido Comunista pronosticando que los movimientos sociales enfrentarán al gobierno, que la calle volverá, pero que ellos no tendrán nada que ver con eso. Se vienen, nos dicen, el 29 de marzo y el 1 de mayo. Jaime Quintana, el de la retroexcavadora y el parlamentarismo de facto, con la frase para el bronce. Organizaciones feministas, como la Coordinadora 8M, llamando a cacerolear por el alza del petróleo debido a la guerra. Andrea Repetto, supuesta tecnócrata moderada, repitiendo desde la UC que la plata está, que Kast “simplemente quiere reducir el tamaño del Estado”, que venga más deuda. Gael Yeomans, Constanza Martínez, Daniel Manouchehri y Emilia Schneider minuteando sin templanza que el gobierno de los ricos, que cómo si la guerra no la empezamos nos afecta. Diputados incluso más dudosos anunciando retiros. Jackson informándonos desde el púlpito, recién retornado de Barcelona, que esto es la ultraderecha. Jaime Bassa, Ericka Ñanco y Roberto Celedón votando en contra de subsidiar la parafina durante el invierno, para agudizar las contradicciones congelando pobres.
Todo esto es marzo de 2026, pero está hecho de retazos del 2018, el 2019, el 2020 y el 2021. Todo esto ya lo vimos, lo vivimos. Es la izquierda que no cree que la derecha pueda gobernar legítimamente, aunque ganen ampliamente las elecciones. Es la izquierda que trató a Piñera como un tirano, un dictador y un asesino. Los que pidieron su renuncia una y otra vez. Los que usaron el violentismo callejero como una escalera para llegar a La Moneda. Los que impulsaron una Constitución que despostaba a Chile. Los que instrumentalizan movimientos sociales, como títeres con las cuerdas al aire. ¿O dónde estaban las feministas para el caso Monsalve? ¿Dónde estaban para condenar al régimen femicida iraní? ¿Dónde estaban Ukamau y los otros grupos por la vivienda digna cuando la reconstrucción de Boric en Viña se mostró un desastre? ¿Dónde estaban la CUT y la ANEF luego de que el gásfiter Hugo Morales muriera en La Moneda después de trabajar 18 horas seguidas? ¿Dónde estaban los ambientalistas? ¿Todo bien con el agua y las zonas de sacrificio? ¿Todo bien en Quintero y Puchuncaví? ¿Dónde estaban los estudiantes indignados el 2024, cuando la OCDE volvió a confirmar que un 44% de los chilenos entre 16 y 65 años no entiende lo que lee ni maneja aritmética básica? ¿Dónde estaban todos estos indignados cuando, bajo Boric, se dispararon el transporte y la luz?
Por cierto, todavía quedan números en el repertorio 2018-2021. Faltan los informes de Engel y Pardow. Faltan los cálculos de Baeza-Yates. Falta el reportaje de Alejandra Matus con comentarios de Stingo. Faltan los matinales atizando la indignación. Faltan las noticias falsas (como la del centro de torturas en Baquedano) retuiteadas por periodistas experimentadas, como la misma Matus y Beatriz Sánchez. Falta Fernando Atria haciendo cosplay de Novoa Monreal. Falta la glorificación de los violentistas. Falta Delight Lab, los hermanos Gana, proyectando consignas en Plaza Italia.
Faltan cosas, pero hay suficientes para ver que la mayor parte de la oposición no aprendió nada en el gobierno. Que volverían a hacer lo mismo que hace ocho años, si pudieran. Que les encantaría imponernos la Constitución rechazada el 4S. No hay madurez, no hay mesura, no hay proporción. No hay república. Hay un deseo sin fondo por dominar el Estado y la sociedad. Se creen puros y ven el mal en los otros. Por eso todo, hasta servir comida, lo retuercen hasta inventarle una sombra.
¿Dónde está la derecha moderada? Se preguntan. Les respondo: ustedes querían ver a la calle derribando al presidente de ese sector hace menos de una década. Después tomaron el poder y nos dijeron, cuando el país rechazó su Constitución demente, que habían cambiado. Y aquí están, otra vez.
Señor Kast, está avisado.



