A la altura del número 114 de la calle hay un quiosco que no vende periódicos ni revistas. Pero, en muy poco tiempo, se ha convertido un improbable rincón cultural: un pequeño templo del disco de vinilo. [Este texto forma parte del boletín de EL PAÍS Madrid que se envía martes y viernes. Para recibir la newsletter, puedes apuntarte aquí]
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