El caos ferroviario desatado en Cataluña por las lluvias y la acumulación de incidencias y problemas de seguridad tiene una derivada económica de mucho peso. La infraestructura de Adif por la que pasan los trenes de Rodalies —que acumulan dos semanas de parones, interrupciones y retrasos después de que el accidente mortal de Gelida (Barcelona) aflorase un reguero de puntos peligrosos que se están revisando— es la misma por la que pasan los trenes de mercancías que van y vienen del Puerto de Barcelona. Desde el accidente de Gelida, este flujo ferroviario de mercancías se ha desplomado: hacia el sur solo está disponible el 25% de capacidad, mientras que hacia el norte la capacidad es cero. El presidente del Puerto de Barcelona, José Alberto Carbonell, ha explicado que el flujo se ha derivado por carretera mediante camiones, con los altos costes que ello implica, y que Adif ha comunicado a los operadores ferroviarios que el tránsito ferroviario hacia el norte se reabrirá el viernes, y el que va hacia el sur se retomará, paulatinamente, a partir del lunes.
Dos nuevos fallos en el sistema de señalización provoca este martes cortes intermitentes en Rodalies
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