
SEÑOR DIRECTOR:
Frente a un déficit fiscal estructural en 2025 de 3,6% del PIB, más del triple de lo establecido en la Ley de Presupuestos, la directora de la Dipres, Javiera Martínez, se defendió señalando que el problema eran los ingresos, no el gasto. Estoy en total desacuerdo. Los ingresos estructurales del fisco responden principalmente a dos variables que se han deteriorado desde 2014: el nivel de actividad económica y la eficiencia y competitividad del sistema tributario. En este deterioro, quienes hoy gobiernan -a través de la agenda impulsada en los últimos quince años, incluidas las erradas reformas tributarias- tienen una enorme responsabilidad. Un impuesto a la renta complejo y globalmente poco competitivo no recauda. Pero se prefirió ignorar la evidencia.
Los ingresos fiscales no se cayeron en 2025. Los ingresos tributarios no mineros aumentaron 8% nominal, cifra coherente con el crecimiento de la actividad no minera (2,8%) y la inflación (4% promedio). Sin embargo, el informe de Ejecución Presupuestaria de diciembre muestra un crecimiento real de solo 1,5%. ¿Qué inflación utiliza la Dipres para ese cálculo?
El problema está en el gasto, y el componente de personal parece el más relevante. Los PMG (programas de mejoramiento de gestión), creados hace casi tres décadas como incentivos a la productividad, se han transformado en un aumento permanente de remuneraciones que supera los US$ 1.500 millones anuales. ¿Es necesario ese sobresueldo? Los estudios muestran una brecha salarial promedio cercana a 20% entre trabajadores públicos y privados comparables. Esa diferencia, sin considerar problemas evidentes de sobredotación, equivale a unos US$ 3.500 millones.
En definitiva, parece claro dónde están los mayores espacios para que el país recupere la sostenibilidad fiscal perdida.
M. Cecilia Cifuentes
Directora Centro de Estudios Financieros
ESE Business School


