Hubo un tiempo en que el pintalabios rojo era casi un uniforme: seducción, competencia romántica y ese cliché eterno de la mancha en el cuello de la camisa. Pero algo ha cambiado. Hoy el carmín ya no es (solo) un arma para gustarles a ellos, sino un símbolo de poder, identidad y, en muchos casos, desafío.

