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- No todo acaba con un alto al fuego: por qué Hezbolá es clave en el futuro del Líbano Ilya U.
Mientras miles de libaneses se veían obligados a huir de los ataques, Antonios decidió permanecer en la zona como uno de los clérigos que acompañan a los militares de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano (UNIFIL) en su misión —fallida— de supervisar la paz en el sur del Líbano.
La conversación telefónica queda interrumpida por el ruido de lo que parecen disparos. Este párroco no tarda en disipar la duda y asegura que el ruido viene por los impactos asociados a la "destrucción de viviendas" en la zona Qlayaa, donde se encuentra un pueblo cristiano situado en el distrito de Marjayoun. En el momento de esta conversación, Israel y Hezbolá se encuentran en un frágil alto el fuego —ampliado en el contexto actual a tres semanas— que está siendo constantemente violado por Israel alegando amenazas terroristas del grupo islamista.
En este lapso de falsa paz, el Ejército israelí ha estipulado una línea amarilla que se extiende de este a oeste y penetra entre cinco y diez kilómetros en territorio libanés. Esta nueva frontera delimita parte del territorio del sur que ha quedado bajo el control de Israel del resto del Líbano. El Ejército israelí pretende construir aquí una zona de seguridad (buffer zone), del mismo modo que ya ha hecho en Gaza o en Siria.
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Alba SanzEn su avance por el sur del país, Israel ha destruido parte de la infraestructura que sostiene esta zona: viviendas, puentes, zonas de cultivos….pero también templos y símbolos cristianos que poco tienen que ver con la guerra.
No es la primera vez que Israel ataca directamente símbolos que tienen que ver con el cristianismo. Pero si es la primera en la que es altamente criticada. La viralización de un vídeo en redes sociales de un soldado israelí destrozando a martillazos un crucifijo, perteneciente a una de las viviendas destruidas, supuso un punto de inflexión en la reacción del Ejecutivo israelí con las acciones de su Ejército.
¿Los motivos detrás? Son varios. En primer lugar, Israel apela a su imagen de valedor de la convivencia y de la tolerancia de las religiones. Un argumento que se desmonta fácilmente teniendo en cuenta su afán por destruir cualquier resquicio del islam en Palestina. Pero los musulmanes no son los únicos.
La comunidad cristiana palestina también ha denunciado distintos ataques atribuidos a Israel. Entre ellos, el relato del párroco de Gaza a El Confidencial, que asegura que un francotirador mató a una mujer y a su hija dentro de la única iglesia de la Franja. A ello se suma la restricción de acceso a la celebración del Domingo de Ramos en Jerusalén este año, cuando se impidió la entrada del patriarca latino, Pierbattista Pizzaballa, dejando a cientos de fieles sin poder asistir a la misa.
No todo acaba con un alto al fuego: por qué Hezbolá es clave en el futuro del Líbano
Ilya U. Topper. EstambulEn segundo lugar, la difusión viral de la imagen de un soldado israelí profanando una cruz ha generado malestar incluso entre sectores republicanos en Estados Unidos, tradicionalmente firmes partidarios de Israel, tanto en el plano político como en el económico. La excongresista Marjorie Taylor Greene, distanciada en los últimos tiempos de Donald Trump por su postura en política exterior, recordó que Israel recibe cada año "miles de millones de dólares en ayuda militar estadounidense" y cuestionó la relación bilateral que une Tel Aviv a Washington como su "mayor aliado".
En la misma línea, el excongresista Matt Gaetz calificó el episodio de "horrible", mientras que el comentarista Tucker Carlson sostuvo que "el Gobierno israelí ha permitido que sus soldados actúen como bárbaros durante décadas, mientras recibe generosa financiación de Estados Unidos". en el contexto actual, sin embargo, es que la única diferencia respecto al pasado es que "las redes sociales han expuesto este comportamiento ante todo el mundo".
Tal vez por esto no sea casualidad que Israel se apresurara a rectificar su comportamiento contra la imagen de Cristo. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmó e inglés en X que estaba "sorprendido y entristecido al saber que un soldado de las FDI dañó un icono religioso católico en el sur del Líbano" y condenó "el acto en los términos más enérgicos".
Después, un comunicado del Ejército israelí asegura que se abriría una investigación disciplinaria y publicó una imagen de otro crucifijo (muy distinto al destrozado por el soldado) afirmando que era una reconstrucción y situándolo en el mismo sitio en el que había sido dañado como acto de buena fe. Sin embargo, un día después, empezaron a difundirse las imágenes de un batallón italiano de la UNIFIL colocando un cristo prácticamente idéntico en la misma zona.
Lograr una mayor fragmentaciónIndependientemente de la autoría de su reconstrucción, los cristianos en el sur del Líbano se sienten cada vez más agotados de estar en medio de un fuego cruzado. Además de la destrucción, hace tan solo un mes, el padre Pierre Rai, párroco también en Qlya, murió en el hospital a causa de sus heridas por un bombardeo israelí.
Desde el terreno, religiosos como el padre Antonios insisten en que los cristianos no son objetivos directos de Israel y atribuyen la escalada del conflicto a Hezbolá. "Los militantes de Hezbolá están atacando a Israel y haciendo la guerra dentro del Líbano, algo que no queremos", afirma. "No queremos esta guerra", denuncia.
Algunos analistas sostienen que Tel Aviv podría estar buscando, en realidad, una mayor fragmentación del Líbano. Según esta interpretación, los cristianos —como asegura el párroco— han mantenido una estrecha relación con las comunidades chiíes en el país, por lo que la continuidad de la guerra en el tiempo estaría acabando moralmente con los cristianos.
"Es un intento más amplio de generar inestabilidad"
Sin embargo, otras lecturas apuntan a una dinámica más compleja. Algunos analistas sostienen que Israel podría estar buscando, de forma indirecta, una mayor fragmentación del Líbano y conseguir su colapso. El analista Simon Mabon, especialista en Hezbolá y en dinámicas sectarias, considera en una entrevista con El Confidencial que Israel aún no ha cruzado una "línea roja" en relación con las comunidades católicas, aunque advierte que ya están aplicando una estrategia más amplia en el terreno. "Hay un esfuerzo por fomentar divisiones dentro de la sociedad libanesa", explica. Como, por ejemplo, emitir órdenes de evacuación a las aldeas chiíes y pedir a las poblaciones cristianas que no entren en esas zonas ni colaboren con sus habitantes.
Esta lógica, añade, responde en parte a la presión internacional, especialmente de Estados Unidos, para alcanzar un alto el fuego y presionar a Israel para que no continúe avanzando más allá de la línea amarilla. Un patrón que, recuerda, ya se ha visto en Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este. "El hecho de que esto también se esté viendo en el Líbano apunta a un deseo más amplio de intentar crear inestabilidad, fomentar divisiones y, en realidad, romper la frágil balanza sectaria libanesa", indica.
Y eso se refleja socialmente en todo el sur, además de en Beirut, pero también se manifiesta en el propio sistema político, donde existe un sistema de reparto de poder que otorga escaños a distintas comunidades chiíes y cristianas. En el caso libanés, advierte, el impacto puede ser especialmente sensible porque se trata de "un intento más amplio de generar inestabilidad y tensar el frágil equilibrio sectario del país", en un sistema que, precisamente, se sostiene sobre ese delicado reparto de poder entre comunidades, concluye.
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