Daniel Boulton, un hombre de 30 años que vivía en el Reino Unido, asesinó brutalmente a su ex pareja, Bethany Vincent, a quien había conocido a través de una aplicación de citas, y a su pequeño hijastro de 9 años, Darren Henson. El brutal crimen estuvo signado por la crueldad y una violencia atroz que impactó fuerte en la sociedad británica.
El ataque fue un verdadero llamado de atención para el sistema de contención y protección para víctimas de violencia doméstica. El asesino mostró una obsesión, una saña y una frialdad pocas veces vista en la historia criminal británica.
El aberrante episodio se produjo el 31 de mayo de 2021, cuando Boulton cruzó a pie casi 45 kilómetros de campos y caminos rurales para perseguir a sus víctimas, con el único fin de quitarles la vida. Este horripilante asesinato tuvo lugar en los territorios de Skegness y Louth, en el condado de Lincolnshire.
“Borrar el linaje” de su ex pareja, la obsesión de Daniel Boulton
Lo que parecía un vínculo más de tantos que se producen hoy en día a través de las aplicaciones de citas, con el tiempo se transformó en una pesadilla que les costaría la vida tanto a Vincent como al pequeño Darren. Durante el tiempo que estuvieron juntos, la policía acudió varias veces al domicilio de la víctima para intervenir por denuncias de agresiones por parte de Boulton.

Una vez iniciada, la escalada de violencia nunca se detuvo y llegó a convertirse en una verdadera obsesión para el asesino. Durante un sólo fin de semana le envió más de 900 mensajes, llenos de reproches y amenazas. Ante esta situación, la justicia británica emitió una orden de alejamiento, aunque el agresor en ningún momento la respetó.
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El odio de Boulton hacia su ex pareja y su hijo fue tan grande que hasta llegó a jurar que borraría por completo el linaje de su familia. Para cometer el acto, caminó durante varias horas para apostarse frente a la casa de Bethany. Allí esperó un largo rato en las sombras a que sus víctimas retornaran.

Cuando la mujer y el pequeño volvieron al hogar, el asesino irrumpió a la fuerza y, con un cuchillo en la mano, los apuñaló una y otra vez. La escena del crimen se convirtió en un tremendo baño de sangre que impactó hasta a los investigadores de la policía de Lincolnshire. Bethany murió en el acto, mientras que su hijo agonizó en su cuarto producto de varias heridas fatales. En la casa también estaba un bebé de 9 meses, también hijo de la mujer, quien fue hallado ileso.
Fuga y cacería humana
Sin mostrar ni una pizca de remordimiento, Boulton echó a correr por los campos que horas atrás había atravesado a pie. La policía emitió una alerta a la población local para que se refugiaran sus hogares por la extrema peligrosidad del fugitivo. Durante su huida rompió la puerta de una cabaña, ingresó y robó comida, ropa y alcohol. También acuchilló a un agente fuera de servicio que intentó capturarlo, quien finalmente sobrevivió.

La persecución duró casi 24 horas, con un país en vilo que seguía los acontecimientos a través de los noticieros y las redes sociales, hasta que pudieron acorralarlo en una granja y reducirlo con una pistola eléctrica. Rápidamente fue llevado a juicio, instancia en la que confesó los crímenes, pero alegó tener un trastorno de la personalidad antisocial que lo llevó a actuar “en piloto automático”.
Para la justicia, que haya caminado durante horas para esperar otro rato más frente a la casa de las víctimas antes de masacrarlas, fue un elemento probatorio de que sus actos fueron conscientes y premeditados, y que no se trató de un accionar impulsivo. Tras dos horas de deliberación, el jurado lo encontró culpable de doble homicidio y el juez lo condenó a prisión perpetua.



