El reciente estudio de la Universidad de Concepción (junto a la UPLA y la PUCV) sobre juventudes chilenas constata la consolidación de la cultura del "sálvese quien pueda". Ante el abismo, el bienestar individual prima sobre lo comunitario. Así, la nueva "doctrina del shock" ya no necesita la violencia estatal clásica; opera mediante el autoconsentimiento feliz. El espectáculo viral es un "colorido fentanilo digital" por el cual consentimos pasivamente que nos expropien el futuro.

