
Las tierras aragonesas que hace más de 40 años emprendieron una drástica transformación de zona agraria en zona industrial gracias a la irrupción del gigante estadounidense General Motors aguardan hoy en tensión un multitudinario desembarco chino. Es una historia que puede contarse en solo dos generaciones de la familia Berges. Trabajador del campo nacido en el 36, Germinal Berges fue uno de los muchos aragoneses emigrados a Alemania en los 60 en busca de oportunidades. Las encontró como minero en Ludwigshafen y como albañil en Mannheim. No fue fácil. Como a tantos, alguna temporada le tocó vivir en barracones. Pero a la vuelta le esperaba un golpe de fortuna. General Motors eligió Figueruelas, cerca de su pueblo, Pedrola, para instalar una planta, que abrió en 1982 tras una inversión de 100.000 millones de pesetas, en torno a 3.000 millones de euros de hoy, teniendo en cuenta la inflación. Entre los miles de operarios reclutados estuvo Berges. En mantenimiento, sí, el escalón más bajo. Pero en un trabajo estable. “Para la zona, fue un revulsivo brutal. Para nuestra familia, como si nos tocara la lotería”, cuenta su hija Manuela Berges, de 58 años.
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