Desde la transición democrática de 1978, la República Dominicana ha vivido un proceso sostenido de construcción de las instituciones formales de la democracia: elecciones periódicas y alternancia en el poder (con algunos períodos de crisis debido a la permanencia de niveles de prácticas políticas autoritarias); pluralidad de partidos; reformas electorales y de partidos políticos; así como avances parciales en la separación de poderes.
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