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"Análisis de relevancia para la actualidad."
- Trump, cual Alejandro Magno ante el nudo gordiano, saca la espada, lo corta de un tajo y anuncia que va a acabar con toda una civilización, nada menos que con la persa, que, con permiso de la china, es una de las más antiguas y longevas conocidas.
Nación, imperio, civilización. Trump, cual Alejandro Magno ante el nudo gordiano, saca la espada, lo corta de un tajo y anuncia que va a acabar con toda una civilización, nada menos que con la persa, que, con permiso de la china, es una de las más antiguas y longevas conocidas. Y eso, claro, no se hace, así como así.
Con el MAGA, Trump pretende proteger a una nación advenediza llegada en un santiamén a imperio, pero en ningún caso civilización, puesto que, se mire como se mire, no llega a tanto, ni de lejos. Y por el camino destroza, a hachazos, el formidable soft powerdel que ha disfrutado Estados Unidos a lo largo de más de un siglo reemplazándolo con un empalagoso imperio delkitsch, que va desde el imposible peinado del desquiciado presidente al salón de baile hortera que quiere infligir a la Casa Blanca.
Según el Diccionario panhispánico de dudas,kitsches voz alemana que significa “estética caracterizada por la mezcla de objectos heterogéneos pasados de moda y que se consideran de mal gusto”. Es decir, la de Trump.
En los años de entreguerras, el escritor austríaco de origen judío Hermann Broch (1886-1951) intentó definir lo que es el kitsch. Y, claro, se quedó corto. Así que lo volvió a intentar en 1950, esta vez mediante una conferencia dictada en la Universidad de Yale, y de nuevo se quedó corto.
Y es que definir lo que es el kitschse asemeja al dilema de explicar lo que es el tiempo. Decía san Agustín de Hipona al ser preguntado qué es el tiempo: “Si nadie me pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me pregunta, no lo sé”. Pasa lo mismo con elkitsch, como bien sabía Broch, hasta que apareciera en escena Donald Trump, que es la pura encarnación delkitschque no requiere de más definición.
Así, Broch: “Yo creo que la relación entre la neurosis y el kitschtiene su importancia para la historia contemporánea porque, en definitiva, tiene su origen en la malignidad dekitsch. No es pura casualidad que Hitler fuera un seguidor incondicional delkitsch. Vivió elkitschsangriento y amó elkitschde sacarina”.
Y con este párrafo concluye su conferencia de 1933: “Toda época de ruina de valores fue, al mismo tiempo, una época de kitsch. El último período histórico del Imperio romano, amenazado de ruina, produjokitsch, y los tiempos actuales […] han de ser representados asimismo por el mal de lo estético, pues las épocas de la pérdida definitiva de los valores son impulsadas por el mal y por el miedo al mal”.
Robert Musil (1880-1942), otro de los grandes escritores en lengua alemana, contemporáneo y compatriota de Broch, expresó de esta manera que lo que se siente en vísperas de una catástrofe es como estar dormido en el coche cama de un tren y de pronto ser despertado al producirse el choque, mientras la maquinaria del estado, indiferente, sigue funcionando como un reloj. ¿No estará durmiendo la UE es ese confortable coche cama?
El emperador kitschDonald Trump nos ha llevado hasta aquí. Pero tal vez antes de acabar él con una milenaria civilización, la persa, o invadir por las buenas Groenlandia, lo único que conseguirá será precipitar el declive de la hegemonía que venía ejerciendo Estados Unidos, para mayor gloria de China, Rusia e Israel.
Pero dejemos la última palabra a Broch: “Todo sistema es capaz, incluso se ve obligado a ello, de elaborar, dentro de la dialéctica, su antisistema y el peligro es tanto mayor cuanto que, a primera vista, sistema y antisistema resultan idénticos y no se aprecia que éste es abierto y aquél cerrado”. Y es en estos momentos, que son los nuestros, cuando hace su aparición el Anticristo, como ya vamos viendo.



