Unas humildes pizarras escolares, canicas y hasta restos de vino francés revelan que una zona de Londres considerada pobre durante siglos escondía un pasado mucho más sofisticado y sorprendente.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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Cuando en 2024 comenzaron las obras previas para levantar un nuevo centro logístico en Wapping, al este de Londres, nadie imaginaba que bajo el asfalto y el cemento dormían siglos de vida cotidiana. Lo que parecía un trámite arqueológico rutinario antes de la construcción del SEGRO Park Wapping se convirtió en uno de los descubrimientos más reveladores de los últimos años sobre la historia social de la capital británica.
Las excavaciones, lideradas por el equipo del Museum of London Archaeology (MOLA), sacaron a la luz no solo cimientos de edificios, sino la memoria material de una comunidad que vivió, estudió, trabajó y dejó huella entre los siglos XVI y XIX. Los hallazgos incluyen desde una escuela del siglo XVI hasta casas para personas mayores sin recursos, pasando por restos de viviendas victorianas y objetos de lujo que contradicen la visión tradicional de esta parte del East End como una zona marginal y empobrecida.
Una escuela para niños pobres… y muchas sorpresas
Todo comenzó en 1536, cuando Nicholas Gibson, entonces sheriff de Londres, fundó una escuela gratuita para niños pobres y unas casas de caridad para personas ancianas sin medios. Años más tarde, su viuda, Avice Knyvet, encargó al gremio de los toneleros, el Worshipful Company of Coopers, que administrase la institución. Este gremio, cuya riqueza venía de la fabricación de barriles para el comercio global, financió durante siglos la educación y asistencia social en la zona.
La escuela original, que aún existe hoy en día aunque trasladada a Upminster, aparece documentada en registros históricos como un centro donde se educaban a sesenta niños bajo la tutela de un maestro y su ayudante. Los pensionistas, en su mayoría viudas, recibían pequeñas rentas periódicas para sobrevivir dignamente.
Pero lo que más ha captado la atención de los arqueólogos es la vida diaria que se escondía entre ladrillos, pozos y escombros. Entre los restos del antiguo colegio, los investigadores encontraron fragmentos de pizarras reutilizables con escritura infantil, aparentemente ejercicios de caligrafía, quizá nombres propios o letras aprendidas. Junto a ellas, decenas de canicas cerámicas, conocidas como “alleys”, que imitaban el alabastro y que probablemente se perdieron en un juego durante el recreo, en un patio de ladrillos hoy desaparecido.

Estos objetos, a menudo ausentes en excavaciones urbanas, ofrecen una ventana directa al mundo infantil de hace más de 150 años. El hecho de que se conservaran en un desagüe cubierto añade aún más peso simbólico: lo que un día fue accidentalmente arrojado al olvido, ha terminado contando una historia esencial.
Las casas de caridad y la vida de las viudas trabajadoras
Junto a los restos del colegio, se identificaron estructuras asociadas a las casas de caridad, donde vivían principalmente mujeres mayores, muchas de ellas viudas. A partir del siglo XVIII, algunos hombres también se beneficiaron del alojamiento. Documentos del siglo XIX confirman que estas casas daban no solo una habitación, sino también un pequeño jardín, una bodega, y un estipendio que, con el paso del tiempo, fue adaptándose al valor económico de cada época.
Los registros del censo revelan datos fascinantes: mujeres como Sarah Bloomfield o Adelaide Brown, que pasaron sus últimos años en estas viviendas tras haber vivido con sobrinos, nietos y hasta cinco niños pequeños bajo un mismo techo. La mudanza a estas casas significaba, seguramente, un respiro.

Otras residentes, como Sarah Hartford y su hija Emma, eran modistas que fabricaban chalecos. Algunas tenían parientes trabajando como sirvientas; otras, vínculos directos con el gremio de los toneleros. En efecto, el requisito para residir allí era tener conexión con el área o la institución, y muchos descendían o estaban emparentados con antiguos maestros artesanos del gremio.
Lujo inesperado: vino francés y objetos de élite
Este descubrimiento, junto a copas finas de vino, cerámicas de importación y pipas ornamentadas, sugiere que algunos residentes —o visitantes— tenían acceso a productos de lujo, lo que abre la puerta a una lectura más compleja de la sociedad urbana del Londres moderno temprano. La zona, conocida popularmente como “Sailor Town”, pudo haber funcionado como un cruce social donde comerciantes, trabajadores, marineros y clases medias convivían con una sorprendente fluidez.
La arqueología urbana ha demostrado en este caso que el relato oficial y los documentos escritos no bastan para comprender la vida real de los barrios. La basura, los juegos de niños, los objetos olvidados, revelan más sobre cómo vivía una comunidad que muchos tratados políticos.

Un barrio, muchas capas: del Imperio romano al siglo XIX
Lo más fascinante del trabajo arqueológico en Londres es que excavar un terreno significa también atravesar siglos como si fueran capas de lasaña, como ha dicho con humor una reconocida presentadora británica. Bajo los adoquines victorianos pueden encontrarse restos romanos o medievales, y eso fue justo lo que ocurrió en Wapping.
Los pozos y fosas de basura excavados por los arqueólogos ofrecían una secuencia cronológica de uso del terreno: desde la ocupación romana hasta el Londres industrial. Entre los objetos, además de los mencionados, se encontraron piezas de vidrio del siglo XVII, pipas de arcilla decoradas y fragmentos de loza que permiten rastrear influencias extranjeras y conexiones comerciales.
Lejos del estereotipo de un East End marginal, sucio y olvidado, este hallazgo revela una comunidad vibrante, diversa y con acceso a redes económicas y culturales mucho más amplias de lo que se creía. Y aunque las excavaciones han concluido, los trabajos de análisis y catalogación de estos materiales continúan, prometiendo más sorpresas.
Porque al final, la arqueología no solo excava tierra, sino también ideas equivocadas.



