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- "Aquí no hay cese de la actividad, pues los asuntos importantes para el gobierno siguen funcionando a la perfección incluso en medio del fuego y la guerra" .
Los ataques de Israel sobre el Líbano este miércoles, que suponen la peor ofensiva aérea sobre el país en los últimos años, coinciden con la primera jornada del alto el fuego entre EEUU e Irán y que, según Pakistán, el mediador que dio a conocer la noticia, incluía a Líbano. No tan rápido, debió pensar Benjamín Netanyahu. La decisión de Donald Trump de ceder a algunas de las demandas de Teherán con tal de encontrar una salida al laberinto iraní dejó a Tel Aviv brevemente fuera de juego. Con sus ataques masivos sobre Líbano, volvió a encontrar la carta necesaria para devolver a Israel al tapete.
"Las bases sobre las que negociar han sido abierta y claramente violadas, incluso antes de que empezaran las negociaciones", afirmó Mohammad Bagher Ghalibaf, portavoz del Parlamento iraní y figura renombrada dentro del estamento militar del país persa. "No se ha cumplido la primera cláusula del acuerdo de 10 puntos, que incluía un alto el fuego en Líbano (...) en una situación como esta, un alto el fuego bilateral o negociaciones no tienen ningún sentido", concluía en un comunicado oficial publicado a última hora del miércoles.
Menos elegante era la agencia Tasnim, muy cercana a la Guardia Revolucionaria. "Irán se retirará del acuerdo si Israel viola el alto el fuego y continúa atacando Líbano. Si EEUU no puede controlar a su virulento perro en la región [Israel], Irán hará una excepción y le ayudará en este sentido. Por la fuerza".
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— محمدباقر قالیباف | MB Ghalibaf (@mb_ghalibaf) April 8, 2026
Nadie sabe exactamente qué se aceptó en las vertiginosas horas previas a que expirara el ultimátum de Trump para "acabar con la civilización iraní". Pero tanto Ghalibaf como el ministro de Exteriores iraní, Seyed Abbas Araghchi, hacían referencia al comunicado del primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, que fue quien anunció el acuerdo en un mensaje en la red social X que especificaba sin ambages "un alto el fuego inmediato en todas partes, incluido Líbano y otras regiones". Un mensaje que, según una investigación del medio FT, habría redactado... la propia Casa Blanca. A Sharif se le olvidó borrar, en la primera versión del mensaje, una línea: "Borrador — Mensaje del PM de Pakistán en X".
"Los términos del acuerdo son claros y explícitos. EEUU debe elegir. O alto el fuego o continuar la guerra vía Israel. No puede tener ambos", declaró Araghchi. El alto el fuego pende ya de un hilo, y tiene el nombre de Israel.
La noche del martes, Israel tardó unas horas que se hicieron eternas en aceptar públicamente el alto el fuego anunciado por Trump. Según diversas fuentes, Israel no fue informado de que EEUU pretendía llegar a un acuerdo con Irán hasta pocas horas antes de que se anunciara. No formaron parte ni del proceso ni de la toma de decisiones, lo que habría "molestado" a los israelíes, que no estaban contentos con "los términos del acuerdo, incluyendo reportes de que Líbano estaría incluido", según el Wall Street Journal. "El grado de participación de Israel se limitó a una llamada telefónica que el presidente de EEUU, Donald Trump, hizo al primer ministro Benjamín Netanyahu poco antes de que se anunciara el alto el fuego", citó el periódico. Medios israelíes reportan que, en la llamada, Netanyahu intentó convencer a Trump para que no lo hiciera, sin éxito.
Israel tenía pocas cartas. Ya había intentado forzar la mano a Estados Unidos con bombardeos a infraestructuras civiles y energéticas justo el día antes del ultimátum de Trump, en su clásica estrategia de forzar una respuesta de Irán y la consecuente necesaria defensa de Washington. Sin éxito. Líbano se está demostrando ser mucho más útil.
Así que, pese al aparente ok inicial de la Casa Blanca a incluir Líbano en el alto el fuego (véase el tuit del primer ministro pakistaní y el reporte sobre el enfado de los israelíes del WSJ), Israel negó que así fuera, una afirmación que pronto fue refrendada por varios altos funcionarios de Estados Unidos, incluidos Trump o el vicepresidente JD Vance, que viajará a Islamabad para las negociaciones. "Creo que esto se debe a un malentendido legítimo. Creo que los iraníes pensaron que el alto el fuego incluía a Líbano, y simplemente no era así", afirmó, antes de asegurar que los israelíes habían prometido "contenerse" en Líbano durante las negociaciones. "Conseguiremos nuestros objetivos tanto a través de un acuerdo [concesión a Trump] como la reanudación de la lucha [la aparente esperanza en Tel Aviv]", respondió Netanyahu.
JD Vance: "I think this comes from a legitimate misunderstanding. I think the Iranians thought the ceasefire included Lebanon, and it just didn't. We never made that promise, we never indicated that was gonna be the case." pic.twitter.com/XMEMrDvxe1
— Aaron Rupar (@atrupar) April 8, 2026
"Está la sospecha muy, muy fuerte, de que los israelíes cometieron esta última atrocidad para empujar a los iraníes a retirarse del acuerdo de alto el fuego. La confusión sobre si el alto el fuego incluye a Líbano le da a Israel una palanca para hacerlo descarrilar. Si Irán acepta mantener el alto el fuego, significaría que ‘abandona’ a sus aliados libaneses; si se niega a continuar con el alto el fuego, eso le vendría perfectamente a Israel", afirma Michael Young, analista del Centro Carnegie para Oriente Medio.
Porque Netanyahu tiene muchas razones para necesitar que continúe la guerra. "Israel fracasó en su guerra contra Irán y destrozó su reputación en Estados Unidos", abría el periódico Haaretz (de oposición) a toda plana la mañana del miércoles. No se ha cumplido ninguno de los objetivos públicamente expuestos: la caída del régimen iraní, la destrucción de su programa nuclear y la eliminación de los misiles balísticos. Y lo que es peor, asegura el artículo, "la reputación de Israel en EEUU se ha visto gravemente perjudicada, y es probable que se le acuse de haber arrastrado al presidente Trump a una guerra innecesaria". Los últimos datos de la empresa demoscópica Pew Research le dan la razón: el 60% de los adultos estadounidenses tienen una visión negativa de Israel, frente al 42% que se cifraba en 2022.
"Y como ya ocurrió anteriormente en Gaza, los partidarios de Netanyahu y sus portavoces leales vuelven a posponer el calendario una y otra vez, con promesas vacías de que la solución está a la vuelta de la esquina", sella Haaretz. de manera constante hacia delante y con la supervivencia política de Netanyahu.
¿Siguen los israelíes apoyando la guerra?
Como norma general, el apoyo público a la guerra disminuye con el tiempo, y en Israel, esto está ocurriendo ya, según señala la socióloga Dahlia Scheindlin. Durante las dos primeras semanas del conflicto, las encuestas mostraban que el 83% de los israelíes lo apoyaban, desglosado el total entre israelíes judíos y árabes, más del 90% de los judíos estaban a favor, mientras que más del 70% de los árabes no.
En la cuarta semana de guerra, el apoyo total había disminuido al 68%. Si bien sigue siendo una mayoría firme, representa una caída de 15 puntos porcentuales tras menos de un mes de combates. Y, entrando más en detalle, el 74% que en las dos primeras semanas apoyaba "firmemente" la guerra, en la cuarta había disminuido al 50%, según el IDI.
Y las pocas voces que se atreven a manifestarse en contra son violentamente reprimidas. El sábado pasado, unos mil israelíes se reunieron en la plaza de Habima de Tel Aviv para protestar contra la guerra. Era la quinta convocatoria desde el comienzo de los ataques. En las tres primeras, la policía disolvió violentamente a las pocas docenas de congregados, antes incluso de que empezaran con los cánticos y despliegue de carteles. La cuarta fue más concurrida que las primeras y también disuelta con violencia. Esta quinta vino precedida por la orden del Tribunal Supremo a la policía y al ejército para que garantizasen la seguridad de los manifestantes durante el ejercicio de la libre expresión.
El 57% de los israelíes cree que los motivos de Netanyahu para ir a esta guerra son políticos
La policía, jóvenes, musculosos, con cortes de pelo impolutos, múltiples fumando y fuertemente armados, se desplegó con material antidisturbios y también a caballo.
Los manifestantes de este tipo de eventos en Israel son personas de mediana edad para arriba, canas, gafas. Algunos jóvenes, los menos, varios perros acompañando a sus personas. Cuando la policía empezó a cargar, la mayoría se apartó del camino de los caballos y de los polis. Una que no lo hizo a tiempo y fue arrastrada por el suelo era una octogenaria de abrigo amarillo. Se supo después que era una superviviente del Holocausto y exdiplomática, Colette Avital.
El argumento del gobierno y la policía para disolver la protesta era que la congregación de más de 600 personas violaba las directrices de seguridad en tiempos de guerra.
Mientras, las playas de Tel Aviv reúnen a más de mil personas. También las recientes celebraciones del carnaval judío, Purim. Y nadie los manda a casa.
Según Scheindlin, una guerra prolongada indica a los ciudadanos que los objetivos declarados no se están alcanzando o que son inalcanzables. Según varios sondeos realizados por el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS, por sus siglas en inglés), el porcentaje de israelíes que creía que la guerra derrocaría por completo al régimen iraní se redujo drásticamente entre la primera y la segunda semana, y solo ha ido a menos. Aun así, la mayoría sigue creyendo que la guerra dañará o destruirá significativamente la capacidad balística de Irán.
Según el INSS, el 45,5% cree que la guerra debe continuar hasta la caída del gobierno islamista en Irán.
Israel es en el contexto actual un país en el que más de tres millones de niños no van a la escuela porque las instituciones educativas siguen cerradas, mientras que los padres deben trabajar, un tercio de sus habitantes no tiene refugio antibombas y la mayoría corre a búnkeres comunales a cualquier hora del día y la noche, incluidos manifestantes, policías y sus caballos.
Los que tienen que correr menos son los privilegiados que tienen un cuarto blindado en su casa, pero dejarían de ser tan privilegiados si sufrieran un impacto directo de un misil. Los hijos e hijas de 18 años son enviados a frentes de guerra sobre los que nadie les consultó, Gaza, Líbano, Cisjordania. Algunos no vuelven con vida. Los negocios no de manera constante sobreviven, los subsidios no llegan aún, la mayoría de los edificios destruidos en la guerra con Irán en junio de 2025 no han sido reconstruidos. En estas condiciones, los telediarios muestran tablas de intención de voto en las elecciones generales que se celebrarán en seis meses.
Supervivencia electoral
"Depende de si la guerra continúa entonces o no", responde la analista y exdiputada Ksenia Svetolva. "En el escenario teórico de que, si en verano sigue habiendo una guerra, aunque sea de baja intensidad con Hezbolá o Irán, con misiles esporádicos, se retrasarán las elecciones porque no se pueden celebrar en esas condiciones por motivos de seguridad. Ese sería un panorama que le interesaría al primer ministro".
Por el contrario, si se acabara la guerra en un mes, habrá elecciones en octubre como está planificado, pero Svetlova sospecha que agentes del caos intentarán sabotearlas. "Elementos de la extrema derecha intentarán intimidar a los árabes para que no voten, que está en el manual de actuación de los radicales nacionalistas. En tal caso, se podrá esperar violencia por parte de esas milicias, que ya están actuando".
Otro escenario posible según la analista sería que hubiera elecciones, pero que el gobierno debilite tanto al comité central electoral, como al tribunal supremo, para que, si los resultados no son favorables al primer ministro se puedan crear dudas sobre el proceso, impugnar, convocar nuevas elecciones, lo que sea para estirar el asunto o revertirlo.
Con respecto a los resultados, Svetlova dibuja tres posibilidades.
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"La primera, y hay muy pocas probabilidades de que suceda, es que los partidos de la oposición ganen y puedan formar un gobierno sin los partidos árabes. Podría encabezar la coalición tanto Naftali Bennett (derecha) como Gadi Eizenkot (centro), no importa quién, que la mayoría judía lo aceptaría, también con los Demócratas (izquierda) de Yair Golan y Hay un futuro (centro) de Yair Lapid".
Una segunda posibilidad es que la oposición no obtenga suficientes votos y tenga que pactar con los partidos árabes. "Si los partidos árabes se presentan como bloque, la coalición será más difícil, pero si se presentan como partidos técnicos, sí podría suceder. Y es que después del 7 de octubre la reacción política y social a pactar con los partidos árabes está así…", señala.
La tercera posibilidad se dibuja del siguiente modo: "Si los partidos de la oposición no logran los votos necesarios ni consiguen pactar con los árabes, podrían pactar con el Likud". Svetlova indica que ni Avigdor Lieberman, de Israel Nuestro Hogar (ultraderecha laica), ni Lapid ni Golán lo harían, pero puede que Bennett sí, para no tener que pactar ni con los árabes ni con la izquierda.
Es decir, si Naftali Bennet lograse los suficientes votos, podría ser quien elija para qué lado irá el próximo gobierno israelí, con la oposición a Netanyahu o con Netanyahu. Y en las circunstancias actuales, los israelíes mayormente desconfían.
Los sondeos de las teles muestran que, tras un mes de guerra, hay un estancamiento total en el liderazgo político: la coalición gobernante llega a los 50-55 escaños de los 120 del parlamento en la mayoría de los sondeos, menos en los medios cercanos al gobierno en los que salen 65 escaños.
El INSS muestra que solo el 36% del público confía en Netanyahu, en nivel alto o moderado, y un 45% no confía en él en absoluto y, a pesar de eso, según el instituto nacional de estadística israelí, el IDI, la mayoría de consultados, el 57%, cree que los motivos principales de Netanyahu para ir a esta guerra son políticos y no personales.
El subdirector del diario económico Calcalist, Amir Ziv, escribió esta semana que la guerra es un fin en sí mismo. Cuando el Estado no funciona eficazmente para proteger a sus ciudadanos, la responsabilidad de sobrevivir recae sobre ellos y les exige enormes cantidades de tiempo y atención. Y, según Ziv, cuando la atención ciudadana es escasa, el gobierno normaliza una existencia violenta, aprueba presupuestos del Estado complacientes con sus socios extremistas, construye infraestructura para reasentamientos en Gaza, debilita el mando militar y el poder judicial, aprueba la pena de muerte para palestinos... "Aquí no hay cese de la actividad, pues los asuntos importantes para el gobierno siguen funcionando a la perfección incluso en medio del fuego y la guerra".
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