Pese a su escaso pedigrí -no es comida mexicana “auténtica”, sino un plato más bien estadounidense-, el chili con carne es un plato que es justo reivindicar. Sus virtudes son muchas: posee la alegría y la intensidad de sabores que ha hecho famosa a la cocina de México, es perfecto para comer legumbres sin darte cuenta, se puede hacer en grandes cantidades y congelar para tener siempre comida lista, y admite acompañamientos múltiples, desde el arroz a los totopos (mal llamados en España “nachos”).
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