Casos de familia.- Decían los viejos de antes que hay que estar vivos para ver ciertas cosas y, efectivamente, las estamos viendo. Y aunque alguien podrá decir, con mal disimulado cinismo, que son los signos de los tiempos, eso no nos obliga a resignarnos y aceptar que como sociedad estamos obligados a convivir con esas manifestaciones de nuestra “postmodernidad tropical”, como la llama un amigo con mas ganas de joder que pretensiones sociológicas, entre cuyas características sobresalen la inseguridad que nos roba el sueño y la tranquilidad y la violencia nuestra de todos los días, esa que convierte un simple roce entre dos vehículos en motivo para matarse a balazos. Y como la integridad de la familia, sea cual sea el concepto que tengamos de ella en el siglo XXI, sigue siendo una preocupación para la mayoría de nosotros, estos casos no deberían pasar inadvertidos sin que al menos tomemos nota, para luego no alegar ignorancia, del mensaje que nos envían y las previsibles consecuencias de no saber reaccionar a tiempo.
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