Carlos Alcaraz (El Palmar, Murcia; 22 años) camina a primera hora de la mañana trazando una línea recta de 200 metros por los hermosos jardines del Royal Exhibition Building, en el distrito de Carlton. Al número uno del tenis le envuelve un manto de un centenar de personas y dos largas hileras de plataneros altísimos, intercalados con el colorido de las Cañas de la India. Se divierte posando de oscuro. Cazadora elegante, pantalones de campana y unos mocasines que le dan un aire muy sofisticado. Está cansado, pero de buen humor. La noche previa conquistó por primera vez el Open de Australia y se convirtió a su vez en el jugador más joven que completa el Grand Slam; esto es, ganar al menos una vez el gran torneo oceánico, Roland Garros, Wimbledon y el US Open. Su presencia atrae cada vez a más y más curiosos, de modo que la conversación con EL PAÍS transcurrirá finalmente en la tercera planta del Hotel Crown, donde se ha hospedado durante estas tres semanas de sudores, progresión y, al final, éxtasis. Le tiran más y más fotos. Tiene siete grandes y es una superestrella, pero actúa y contesta como un simple chico de Murcia.
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