
Cameron McEvoy colocó a la natación frente a un nuevo límite. El australiano de 31 años batió el récord mundial de los 50 metros libre con 20,88 segundos en el Abierto de China, que se desarrolla en Shenzhen, y dejó atrás una marca que resistía desde hacía 16 años. El registro anterior, de 20,91, pertenecía al brasileño César Cielo, desde 2009, en el contexto del uso de los “supertrajes”.
El logro no solo implica una mejora de tres centésimas en una prueba en la que cada detalle resulta decisivo, sino también un cambio simbólico. McEvoy se convirtió en el primer nadador en bajar de 21 segundos sin la asistencia de los trajes de poliuretano, prohibidos desde 2010 por la ventaja que ofrecían. Durante esa etapa, múltiples récords mundiales cayeron en rápida sucesión, lo que dejó marcas difíciles de alcanzar en las condiciones reglamentarias actuales.
El australiano, campeón olímpico en París 2024 y doble campeón del mundo en la distancia, dominó la final en Shenzhen con autoridad. Terminó muy por delante del estadounidense Jack Alexy, que registró 21,57, y de su compatriota Kyle Chalmers, que demoró 22,01. Hasta ese momento, su mejor marca personal era de 21,06, lo que dimensiona la magnitud del progreso.
El historico WR de C.McEvoy 🇦🇺 en los 50libres.
— Albert Tubella (@AngryCoach3) March 20, 2026
En mi opinion, y viendo solo sus videos, su gran punto fuerte es su puesta en acción, su capacidad de alcanzar su velocidad máxima en tan solo 3-4 brazadas tras la salida 😲😲 pic.twitter.com/iVB19ZoUIb
“Sabía que tenía la oportunidad de batir mi mejor marca personal. Era de 21,06, así que quizás hiciera 20,99. Pero hacer 20,88 es irreal. Es una locura”, afirmó McEvoy tras la carrera. El nadador también destacó la particularidad de la especialidad: “Veo los 50 metros como una capacidad basada en la fuerza. Es diferente a las otras pruebas de natación. Se requiere mucha más fuerza y potencia, y los hombres alcanzan su máximo nivel de fuerza a los 30 años”.
El récord de Cielo había adquirido una dimensión casi mítica. Desde diciembre de 2009, cuando lo estableció en Brasil, ningún nadador lo había superado en condiciones reglamentarias. Ni siquiera Caeleb Dressel habían quebrado esa barrera, aunque algunos se acercaron con registros por encima de los 21 segundos. La marca del brasileño, además, se había convertido en uno de los símbolos de la era tecnológica de la natación.
La reacción de Cielo en las redes sociales no tardó en llegar: “¡Una brazada rapidísima! ¡Increíble!”, felicitó el exnadador. En el mensaje agregó una reflexión que sintetiza el momento: “No cambiamos nunca las cosas luchando contra la realidad existente. Para cambiar algo, hace falta construir un nuevo modo de hacer obsoleto lo antiguo”. McEvoy respondió con un reconocimiento directo: “Si he visto más lejos que los demás, fue por ir sobre hombros de gigantes, y vos, amigo mío, sos un gigante en este deporte”.
Congrats, Cam!
— Cesar Cielo (@CesarCielo) March 20, 2026
Lightning fast swim! Incredible!
I saw a phrase a while ago that perfectly captures what you’ve been doing.
“You never change things by fighting the existing reality.
To change something, build a new model that makes the existing model obsolete.”… pic.twitter.com/EOFseAnDEa
El contexto refuerza la dimensión histórica del registro. De las pruebas olímpicas actuales, todavía subsisten algunos récords de la etapa de los supertrajes, tanto en la rama masculina como en la femenina. La caída del tiempo de Cielo reduce ese grupo y reconfigura el mapa de las plusmarcas en piscina larga.
El recorrido de McEvoy aporta un matiz particular. A diferencia de récords establecidos en Juegos Olímpicos y campeonatos mundiales, este se produjo en una competencia de preparación, en el inicio de la temporada. Esa circunstancia, lejos de restarle valor, refuerza la idea de que el australiano alcanzó un nivel de rendimiento excepcional fuera de los escenarios más tradicionales.
A los 31 años, el nadador encuentra su punto más alto en una carrera que exige explosión y precisión en pocos segundos. Su evolución, que incluye coronas mundiales en 2023 y 2025 y la consagración olímpica en París, lo ubica como una de las referencias de la velocidad en el agua. Con este récord, además, redefine el estándar de una disciplina en la que cada centésima puede marcar la diferencia entre la historia y el olvido.



