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- Meta humanos ¿Qué pasaría si somos más generosos con el tiempo?
Meta humanos
¿Qué pasaría si somos más generosos con el tiempo?
¿De qué forma cambió tu relación con el tiempo la semana pasada? El lunes, después de Semana Santa, al abrir los ojos tomé la decisión de dedicarle media hora de mi mañana a escribir. No quería entrar en el piloto automático. Quería respirar. Quería escuchar los sonidos de mi alrededor. Quería darle la bienvenida al día, en lugar de comportarme como un mal invitado que, al recibir la invitación para un día nuevo, entra y se sirve café sin decir siquiera un gracias.
Camino hacia mi escritorio. Hay un libro ahí, esperándome, recordándome algo sustancial: la lectura no es pasiva. La semana después de Navidad, mientras leía ese mismo libro, llamé a mi hermana y le dije: “Te tengo una propuesta”. La escritora hablaba de un ejercicio simple: pararte frente al espejo y decir tres frases, de manera constante empezando por tu nombre. Tu nombre, y luego: “Te perdono por…”. Tu nombre, y luego: “Estoy orgulloso de…”. Tu nombre, y, por último: “Te quiero y te aprecio”.
Decidimos hacerlo todos los días. No sabíamos cuánto necesitábamos escucharnos así. Fue como tomar agua y, en el primer trago, descubrir la sed que llevábamos. Sin expectativas, esta práctica empezó a tener un impacto, fortaleciendo el músculo más sustancial: el corazón. Durante Semana Santa, mi mamá y mi hermana menor compartieron otro concepto que habían leído: Tri Hita Karana, de la filosofía balinesa. “Las tres fuentes del bienestar”.
Tres preguntas, todos los días: ¿Qué haces hoy por ti? ¿Qué haces hoy por la sociedad? ¿Qué haces hoy por la naturaleza? El concepto no es teórico; es práctico. Una forma de asegurarnos de que las palabras no sean vacías, sino reflejo de acciones concretas. Al escuchar sobre el concepto, se me ocurrió una idea. Y se la comunico a mi familia a través de esta columna: en nuestro grupo de WhatsApp podemos hacer un compromiso. Todos los días, antes de cerrar los ojos, responder las tres preguntas.
Las dos vivencias tienen cosas en común. Leímos no solo porque había descanso, sino porque había menos ruido y menos estrés. Y eso me lleva a una pregunta: ¿cómo hacemos para crear espacios de paz y serenidad en el día a día? El segundo punto en común es que decidimos crecer como familia, involucrarnos unos a otros. Con frecuencia nos acostumbramos a una sola dinámica, pero ¿por qué asumir que es estática? ¿Por qué no introducir nuevas formas de relacionarnos, de cuestionarnos, de evolucionar?
Y el tercero: no nos quedamos de brazos cruzados. Tomamos acción. Y las ideas cobraron vida. Y lo siguen haciendo. Hoy, esa inspiración toma una forma concreta: instalaré una estantería de libros en un centro comercial cerca de mi casa. Libros que ya leí, disponibles para quien quiera llevárselos, sin costo, con la invitación de dejar otro en su lugar.
Retomo la pregunta con la que abrí esta columna: ¿de qué forma cambió tu relación con el tiempo la semana pasada? Te invito a que la respondas en el contexto actual. No la dejes para después. Durante años he visto un patrón: en Semana Santa hay paz y serenidad. Hermandad. Orgullo de ser guatemaltecos al ver y ser parte de nuestras hermosas tradiciones. Pero el lunes en la madrugada, todo regresa a la normalidad. En las calles hay esmog, agresividad en el tráfico. Vuelven la polarización, la división. Olvidamos lo que significa que Jesús resucitó.
Cierro esta columna con dos planteamientos: primero, imagina que hay más espacios de paz y serenidad en la cotidianidad. ¿De qué forma se traduciría el cambio? ¿Qué pasaría si somos más generosos con el tiempo? Si, intencionalmente, lo bonito de Semana Santa encuentra espacio en el día a día…
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