Nunca me hizo gracia eso de que Aragón fuera nuestro Ohio. Tampoco aquello de que Zaragoza era el laboratorio donde se ensayaban las campañas de marketing, la ciudad media del gusto medio y del presupuesto medio. Son cosas que me hacen sentir que vivo en una vitrina, como los curris de Fraggle Rock. Esa sería mejor metáfora que la de Ohio: los aragoneses como muñequitos que reproducen a escala las grandes tragedias de la política española.
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