Al final, en verdad, serán muy pocas cosas, y lo peor es que lo sabemos. Lo sabemos y hacemos como que no. Andamos con prisa a todas partes y se nos acaba pronto la paciencia. La vida es complicada y le añadimos una habilidad innata para complicarla más aún, y acelerarla. Puede que sea por ambición o por envidia. Por un afán sano de mejora. Por exigencia y por imponerse al conformismo y a la resignación. Al cabo, siempre es peor quedarse quieto. Quizá es para que no se diga y por no defraudar. Muchas veces es eso: el miedo a defraudar a los demás. Pero irá pasando el tiempo y las cosas serán contadas. Al menos, las que más importen.
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