Cuando era niña, Santa Teresita de Lisieux le preguntó a su madre si iría al cielo, a lo que esta respondió que sí, siempre que fuera buena. “Pero si no fuese buena, iría al infierno. Sé muy bien lo que haría entonces: volar a ti, que estarías en el cielo. ¿Cómo se las arreglaría Dios para cogerme? Tú me apretarías fuertemente en tus brazos”, replicó la niña. Lo sabemos porque la madre se lo contó a una de sus hermanas mayores en una carta, poco antes de morir. “Leí en sus ojos que estaba positivamente convencida de que nada podría hacerle Dios si se escondía entre los brazos de su madre”, añadió.
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